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Por Alberto Solanet *­

­­”Día de la Memoria, Verdad y la Justicia”. Ha trascendido que la Vicepresidente y sus lacayos intentaron acoplar a la conmemoración el reclamo por la fábula de la proscripción frente a las próximas elecciones. La señora de Carlotto y las organizaciones de izquierda, dueñas de la festividad, no admiten semejante intromisión que podría contaminar la consabida liturgia del acto conmemorativo y desnaturalizar el objetivo, que no es otro que revindicar el terrorismo guerrillero y ultrajar a las Fuerzas Armadas.­

Con ello se sigue incentivando el odio y la división entre los argentinos, nada más a contrapelo de lo que conviene y necesita nuestra sociedad. Estos ideólogos que no representan a la argentina verdadera y que seguramente hoy son una minoría cada vez más desprestigiada, montados en el poder y con ingentes recursos de adentro y de afuera, no paran de hacer daño, su objetivo es que el falso relato que han podido construir continúe sine die.­

Si de memoria y de verdad se trata, resulta inconcebible omitir que aquel acontecimiento fue consecuencia de una profunda y caótica crisis caracterizada por la degradación, el vacío de poder, la corrupción y una guerra ya desatada por un terrorismo apabullante. Así fue visto en aquel entonces por la mayor parte de los argentinos. Pocos hechos en la historia argentina fueron tan previsibles, esperados e impulsados por la gran mayoría de la dirigencia política como aquél golpe militar.­

El líder de la UCR, Ricardo Balbín, fue contundente: “no tenemos soluciones que ofrecer, lo que haya que hacer que se haga ya”. Los diarios de sesiones de la época son más que elocuentes.­

La incapacidad política, la falta de coraje, tanto del gobierno como de la dirigencia de entonces, que no supo estar a la altura de las circunstancias, determinó como último remedio que las fuerzas armadas asumieran el poder.­

Esta afirmación no es retórica, entre otros antecedentes citamos la irresponsable y ominosa ley amnistía de mayo de 1973, que votada por aclamación en el Congreso, liberó a más de 2000 cabecillas del terrorismo, la mayoría condenados legalmente, en el marco de procesos ajustados a las garantías y derechos prescriptos por la Constitución Nacional, mediante jueces intachables. Los amnistiados volvieron a tomar las armas y se desató en el país un verdadero baño de sangre.­

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GUERRA CRUEL­

Si de memoria se trata podemos recordar que la guerra de los setenta fue una guerra cruel, extremadamente cruel. Miles de guerrilleros, adiestrados muchos de ellos en Cuba, Libia, Guatemala, El Líbano y otras naciones, la iniciaron y desarrollaron con asesinatos incalificables (el juez Quiroga, Rucci, Sacheri, Genta, Soldati, Mor Roig etc.), secuestros seguidos de muerte (Aramburu, Ibarzábal, Larrabure, Salustro, etc.), asaltos a cuarteles, bancos, extorsiones, bombas, como la que destruyó el comedor del Departamento de Superintendencia Federal, con 27 muertos y más de cien heridos, siniestro que en su magnitud ocupa el segundo lugar luego de la AMIA, y otros hechos vandálicos hasta sumar 20.642 entre los años 1969 y 1979.­

Su objetivo era alcanzar el poder para convertir a nuestra República en un estado totalitario marxista. Muchos de los líderes de las organizaciones terroristas que llevan sobre sus espaldas esta colosal monstruosidad, viven en libertad bajo el amparo de amnistías e indultos, ocupan cargos públicos, son homenajeados e indemnizados y hasta se jactan públicamente de sus delitos.­

Si de buena memoria se trata, cabe referir que en la sentencia que en 1985 condenó a los Comandantes, se afirmó que: “…el fenómeno terrorista en la República Argentina. se correspondió con el concepto de guerra revolucionaria”, que “esa guerra fue iniciada por grupos armados guerrilleros con el objetivo de alcanzar el poder e instaurar la `Patria Socialista'”, y que “El objetivo último…fue la toma del poder político por parte de las organizaciones terroristas”, concluyendo que “la subversión terrorista puso una condición sin la cual los hechos que hoy son objeto de juzgamiento, posiblemente no se hubieran producido”.­

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AGRESION SUBVERSIVA­

Las Fuerzas Armadas, de Seguridad y Policiales debieron enfrentar la agresión subversiva en defensa del Estado, en cumplimiento de decretos firmados por la viuda de Perón e Italo Luder y refrendados por todos sus ministros.­

El propio Perón en ocasión del ataque al regimiento de Azul en 1974, dijo que “… a los terroristas hay que eliminarlos uno a uno para bien de la República”. Las Fuerzas ejecutaron la orden de aniquilar el accionar terrorista, no sin haber cometido, en el marco del feroz combate, extralimitaciones inadmisibles e ilegales.­

Si de verdad y justicia se trata, podemos verificar que a partir del gobierno de Néstor Kirchner, a instancias de un oscuro personaje, Horacio Verbitsky, con la necesaria complicidad del Congreso y la Corte Suprema, cuyos miembros fueron designados a condición de someterse a sus perversos objetivos, se produjo la más brutal ruptura del orden jurídico, iniciándose una persecución implacable, vengativa y discriminatoria contra integrantes de la fuerzas armadas y de seguridad y también civiles y religiosos, acusados de delitos de “lesa humanidad”.­

Jueces, por miedo o fuertemente ideologizados, finalmente corruptos, se pusieron al servicio de la denominada “política de derechos humanos” y mediante procesos viciados, violatorios de todas las garantías constitucionales, mantienen aún en las cárceles a cientos de presos, casi todos sin condena, cuyo promedio de edad supera los 75 años, soportando ilegales y prolongadísimas prisiones preventivas. Ya han muerto 760 en cautiverio.­

Hay decenas de ancianos con gravísimas dolencias, que esperan la muerte una muerte lenta, a la que han sido condenados, en medio de la indiferencia de una sociedad que ha optado por olvidarlos después de haber clamado por su intervención cuando el terrorismo asolaba la República.­

Celebrar el 24 de marzo sin tener en cuenta estas consideraciones no es ni memoria ni verdad ni justicia, simplemente hipocresía. Esto debe terminar, como ha ocurrido en la historia de los países civilizados luego de haber sufrido tan cruentos enfrentamientos. La dirigencia política, los referentes de la cultura, los dirigentes sociales, el periodismo, los medios de comunicación, conscientes de la gravedad del momento que vive la argentina, deben disponerse con la indispensable grandeza para instrumentar un marco de unión nacional, para restaurar la concordia y la plena vigencia de los principios y contenidos del orden jurídico, premisas necesarias para consolidar la paz interior.­

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* Presidente de la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia.­

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