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La contraofensiva ucraniana genera algunas dudas entre los analistas y comentaristas occidentales. Así lo demuestran algunas posiciones recientes adoptadas por algunos periódicos de los Estados Unidos y sus aliados que, citando fuentes del Pentágono, tienden a resaltar los problemas de las operaciones de Kiev.

El último artículo crítico, después de los que ya hemos visto en el Washington Post, CNN y otros medios británicos y extranjeros, es el del New York Times

. De hecho, en un artículo publicado en la revista Big Apple, leemos que empiezan a cundir muchas dudas respecto de las capacidades de las tropas ucranianas vinculadas, sobre todo, al entrenamiento que les proporcionan las fuerzas armadas occidentales y a la incapacidad de transformar los miles de millones gastados por las potencias aliadas de Kiev en un ejército eficaz capaz de hacer retroceder a las tropas rusas.

A la espera de una posible segunda oleada de tropas ucranianas, entrenadas por los aliados de la OTAN, las dificultades siguen estando en la agenda, como hemos señalado en La Prensa.

En primer lugar están los campos minados construidos por los rusos y la defensa fuertemente organizada, que representan una barrera tremendamente eficaz para los avances en campo abierto hacia el sur y el este. Otro grave problema es el de la falta de cobertura aérea

.

Las fuerzas rusas de ninguna manera se han quedado sin reservas de misiles, como algunos análisis de los últimos meses probablemente han sugerido de manera demasiado optimista, y esto ha resultado en un ataque constante a las fuerzas ucranianas, que a su vez tienen que lidiar con una serie de sistemas de misiles dependientes exclusivamente de suministros occidentales (con entrenamiento y mantenimiento acotados).

Un tercer tema es el del número de soldados a emplear. Ucrania todavía tiene brigadas bien entrenadas y de reserva, pero Rusia, que ahora sólo debe defenderse, tiene la posibilidad de echar mano a reclutas y reservas aún sin contar con el apoyo de Wagner.

Más aún, todo parecería indicar que ahora también participaría la Rosvárdia

(una fuerza con características de Guardia Nacional que hasta ahora ha participado del mantenimiento del orden interno), lo cual añadiría una fuerza de cerca de 200.000 mil hombres más.

Finalmente, otro elemento que destacan los observadores y analistas es el hecho de que el entrenamiento occidental, para un ejército construido sobre doctrinas ruso-soviéticas, es todo menos sencillo de metabolizar en poco tiempo. Y este es un problema que afecta tanto a las tácticas que se utilizarán en el campo de combate como al método por el cual los vehículos, (incluidos los tanques) enviados por las fuerzas aliadas pueden utilizarse con mayor eficacia.

SIN ILUSIONES

También algunos funcionarios del Pentágono admiten que la contraofensiva ucraniana no será una tarea fácil dadas las fuertes posiciones defensivas establecidas por las fuerzas rusas, como afirmó el jueves pasado el secretario de prensa del Departamento de Defensa, quien enfatizó que Estados Unidos y sus aliados se sintieron “muy agresivos al proporcionar a Ucrania una variedad de capacidades”, pero admitió que el Pentágono “no se hace ilusiones sobre ésto, este partido en Ucrania, no será un partido fácil”.

Sin embargo, esta guerra sigue alimentando a las corporaciones armamentísticas.

La guerra de la OTAN contra Rusia, librada en territorio de Ucrania y con la sangre de esta población sufriente, tiene algunos ingredientes que harán aún más cruentos los resultados y sus consecuencias.

Uno de ellos es que el Reino Unido ha suministrado los misiles de crucero Storm Shadow

y munición antitanque con componentes de uranio empobrecido con riesgos radioactivos (como ya se ha comprobado en Kuwait en donde fueron usadas profusamente) y los EE.UU. han decidido proveerles a los ucranianos con bombas de racimo, que provocan víctimas aún años después de haber sido lanzadas ya que no todas las submuniciones que se esparcen cuando explotan estallan al mismo tiempo.

Por su parte, la Unión Europea ha dado el primer paso a una financiación de 500 millones de euros en ayuda militar (aunque, sin embargo tendrá primero que vencer la resistencia de Hungría para lograr la aprobación necesaria)

En el medio de todo esto las sanciones, no logran el efecto deseado Rusia ha superado a Alemania y ahora es la economía más grande de Europa y la quinta economía más grande del mundo (PPA). (Ver https://worldeconomics.com/Rankings/Economies-By-Size.aspx)

Cuando los gobiernos de la UE amenazaron con sanciones sobre el gas contra Rusia, y decían: “No lo compraremos más, así les quitaremos una importante fuente de ingresos para financiar la guerra”, han demostrado que tenían, una vez más, deseos confusos pero sin buen análisis.

Y este error le costó muy caro a la propia UE, con los precios del gas al alza, porque no entendieron que esas amenazas de eliminar a Rusia del mercado del gas constituían un shock de oferta y no un shock de demanda, como pensaban. Este error también le ha costado a Ucrania, que ha perdido o ha visto reducidos sus ingresos por derechos de tránsito.

Para hacerlo kafkiano, las amenazas de sanciones al gas, además de pesar en las facturas de los europeos, incluso han aumentado los ingresos de Rusia aun ante una caída en las cantidades de gas exportadas a la UE.

Lo único cierto, donde coincidieron deseos y análisis (casualmente) es que Rusia no podría haber reemplazado a Europa con otros clientes de gas, porque no hay gasoductos a China y Asia capaces de reemplazar los flujos de Rusia a la UE.

Pero esta verdad ha demostrado ser una bendición para Rusia, ya que los ha impulsado a acelerar el desarrollo de oleoductos alternativos, como Power of Siberia II. Obviamente, no estará listo de inmediato pero, cuando lo esté, el suministro a la UE se habrá perdido para siempre.

CONFUSION

Mientras tanto, la estrategia occidental basada en deseos y no en análisis, prevé la sustitución del gas de Rusia por el de Argelia y Nigeria. Cosa difícil de entender sin pensar mal. Cuesta entender cómo los estadistas occidentales pueden pensar en reemplazar una ruta entre Rusia y la UE vía Bielorrusia, vía Ucrania y por mar (NordStream), tierras que para bien o para mal, son estables a efectos de seguridad del oleoducto (pensemos que ni siquiera Zelensky voló el oleoducto que pasa por Ucrania) por un paso a través de miles de km por el desierto del Sahara, pasando por Nigeria, Níger, Argelia y Túnez todos enfrentados y con guerras constantes.

TACTICAS SOVIETICAS

Volviendo a las operaciones militares, la alarma lanzada por el New York Times sobre el uso, por parte de Ucrania, de tácticas soviéticas en lugar de las de la OTAN para evitar pérdidas excesivas de hombres o equipos es una señal que no debe subestimarse. En principio, por una razón puramente militar, ya que pone de manifiesto que hay obstáculos que Kiev no puede superar con el entrenamiento occidental y, por lo tanto, se ve obligada a recurrir a los métodos tradicionales. Lo cual implica que deben enfrentarse a un ejército ruso reforzado en un terreno que Moscú conoce muy bien y, por lo tanto, igualmente acorde con sus propias capacidades de defensa.

Por otro lado, las críticas del NYT y otros medios empiezan a sonar como una alarma tanto en la retaguardia occidental como en Kiev, donde Volodymyr Zelensky es responsable tanto ante sus ministros y comandantes como ante los socios que le brindan la ayuda que necesita para continuar la guerra para reconquistar los territorios ocupados por los rusos.

La posición del presidente ucraniano evidentemente va de la mano con lo que ocurre en el frente, ya que antes de la contraofensiva eran muchos, incluso entre sus asesores de mayor confianza, los que creían que un posible fracaso de las operaciones conduciría a una repensar la parte occidental. Joe Biden y los demás líderes de la OTAN han dicho y reiterado en repetidas ocasiones que el apoyo a la causa del país invadido estará allí “durante el tiempo que sea necesario”.

Sin embargo, en un momento en que el concepto de victoria se enrarece cada vez más a medida que aparece en el horizonte la hipótesis de una mayor extensión de la guerra de desgaste, muchos se preguntan cuánto está dispuesto a invertir Occidente todavía. Y esto es tanto económica como políticamente.

No es casualidad que las críticas a la contraofensiva provienen de algunos medios estadounidenses. Otras opiniones, como The Washington Post, también han sugerido no imaginar resultados demasiado halagüeños en una contraofensiva que ha resultado muy compleja. Otros, sin embargo, ahora parecen estar optando por una línea más crítica. Y con las elecciones presidenciales dentro de un año, el apoyo a la causa ucraniana podría ser un elemento de debate de cara a las próximas elecciones a la Casa Blanca.

La guerra es la continuación de la política por otros medios.

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