El magistrado, conocido por sus fallos contra el aborto y la pandemia, presentó ‘Resistir para reconquistar’, una obra donde lanza un apremiante llamado a luchar por la fe verdadera y la patria católica. El país está en riesgo de disolución, advierte.

López (Buenos Aires, 1958), titular del juzgado federal Nº 4 de Mar del Plata y padre de cinco hijos, es recordado por haber declarado la inconstitucionalidad de la criminal ley del aborto y de los arbitrarios “pases sanitarios”, como se conoció a la exigencia oficial de un certificado de vacunación para poder circular durante la última pandemia. Su disidencia en esos asuntos le deparó persecuciones y pedidos de juicio político.

Resistir para reconquistar. Una lucha tan difícil como necesaria (Bella Vista Ediciones, 69 páginas), su primer libro, fue presentado hace unos días por el juez en Buenos Aires, en una sala colmada de la Asociación Nacional Italiana de Socorro Mutuo y Cultura. López estuvo acompañado por Eduardo Zancaner y el mayor retirado del Ejército Hugo Abete, quien lo presentó como “el juez de la patria”, en medio de vivas y aplausos.

DESPERTADOR

En sus cuarenta años de trayectoria judicial, el magistrado se ha opuesto con sus fallos, entre otras cosas, a la confiscación del patrimonio de los ahorristas durante el “corralito” bancario o a la resolución 125/08 del gobierno de Cristina Kirchner, que decretaba un aumento abusivo de retenciones a la renta agropecuaria. Pero su protagonismo aumentó en los últimos años, cuando fue convocado por los medios para explicar los fundamentos de su oposición al aborto y la “plandemia”.

Ahora, sin ser escritor, como él mismo aclara, y con la única práctica de redacción jurídica y académica, se sintió urgido a escribir “un manual” que fuera sencillo, de ágil lectura, breve y accesible para todos. El libro, que lleva un prólogo de Antonio Caponnetto, tiene como objetivo “despertar a los dormidos” o “quitar las vendas” a quienes no alcanzan a ver ni siquiera “de qué va la cosa”.

– Doctor: por su actividad usted estará curtido ante tantas leyes inicuas que son avanzadas por gobiernos de distinto signo, y que muchas veces solo responden a órdenes externas. Pero surge de su presentación, y del apuro que dice haber sentido por escribir este libro, que hoy está especialmente preocupado por el destino del país. ¿Es asi? ¿Por qué?

– Si. Porque lo que está en riesgo ya no es la Constitución o la República. Es la existencia misma de la nación argentina lo que está en riesgo frente a un proceso de disolución del Estado nacional y de entrega de la soberanía, que se da en paralelo con el actual proceso de disolución social. Hay que recordar que ya el 50% de la población vive en la miseria después de cuarenta años de este régimen.

– ¿Esa gravedad adicional que usted ve en el presente tiene algo que ver con el rumbo fijado por el nuevo gobierno?

– Así es. La entrega acelerada de la soberanía nacional por parte de este gobierno es un peligro adicional. Fíjese que no solo ha ratificado la base china que había consentido el gobierno anterior en Neuquén, sino que aceptó la propuesta de instalar una base compartida con Estados Unidos, sabiendo que nosotros prácticamente no tenemos flota. De manera que será una base exclusivamente norteamericana con proyección hacia las Islas Malvinas y hacia la Antártida argentina, donde recientemente Rusia comprobó la existencia de recursos petroleros para su explotación. Hay que recordar que Estados Unidos y la OTAN fueron aliados de Inglaterra en la guerra de las Islas Malvinas. Si se suma la entrega sin control de recursos naturales a las mineras, como el litio, como propone la Ley Bases, surge un proyecto de país colonia, con una población sumergida en el desempleo y la subsistencia. Nuestro país todavía tenía el alivio de estar alejado de conflictos internacionales. Pero incluso eso cambia con este gobierno, que nos ha metido de cabeza en el conflicto de Medio Oriente y en la guerra entre Rusia y Ucrania.

CONFUSION

– Un rasgo particular de la época es la confusión reinante, que surge de la desesperación e impide ver con claridad la salida. Esa confusión abarca también a los católicos. Y así somos llevados a ilusionarnos una y otra vez con la alternancia partidaria. ¿Cómo ve usted este proceso?

– En los últimos cuarenta años ha habido esta famosa alternancia que no es más que una calesita donde se turnan izquierda y derecha. Pero ambos tienen una misma terminal que es el poder internacional del dinero. Son esperanzas en el cambio que, coincido, surgen de la desesperación. El macrismo trajo otra vez al kirchnerismo y éste ahora lo trajo a Milei y quiere volver disfrazado de nacionalista falsamente.

– ¿Persiguiendo estas cíclicas ilusiones se va disolviendo la nación católica?

– Así es. Es un proceso que empieza con Alfonsín y su gramscianismo, que llevaba a la alteración de los valores. Ahora estamos en una etapa foucaulniana: ya no es la rebelión contra Dios, que está superada, ni la rebelión contra la naturaleza. Ya es la rebelión contra el ser. Es decir, el odio a sí mismo. El odio a lo que soy. Y eso se ve reflejado en las feministas. Vemos a las mujeres militando por matar a sus hijos, por combatir al hombre, cuando sabemos que esa guerra de los sexos es fomentada, porque el hombre y la mujer nacieron para ser complementarios, no enemigos. Y en definitiva lo que hay es un ataque a la familia. Porque el Nuevo Orden Mundial lo que pretende, además de destruir el concepto de Dios y de las naciones, es destruir las familias, algo que, como sabemos, conducirá al despoblamiento del planeta. Y la Iglesia católica, que debería ser el faro que ilumine las tinieblas, hoy se ha mundanizado, se ha aliado al Nuevo Orden Mundial. Por todo esto es que, hoy, la patria sólo existe en las almas ardientes de quienes creen en ellas.

– Usted dice querer despertar a los dormidos, en una nación donde muchos ya no saben quiénes son. Y entonces, ¿cómo despertar las conciencias de aquellos que no sólo no ven la gravedad del problema, sino que tampoco ven que haya problema alguno?

– Resistir para reconquistar es una lucha tan difícil como necesaria. Por supuesto que una dificultad mayor es este desconcierto, que es fruto del desconocimiento, de este letargo… no sé cómo llamarlo…

– Frivolidad también.

– Claro. Muchas de estas cosas apuntan a que la gente esté contenta con muy poco. Solo las familias con hijos que alimentar, ayudar y encaminar, son más conscientes de la injusticia. De ahí que se quiera destruir a la familia. Por eso, sin entrar en la cuestión de la falta de conciencia sobre lo que significa la patria, es posible apuntar al menos a la conciencia de lo que significa la familia, que es la unidad primaria que nos protege, que nos ayuda. Y cuando la gente perciba que la familia, que es el último refugio, está afectada, tiene que producirse allí una reacción.

– Entonces, ¿qué es lo que hay que resistir y qué reconquistar?

– Hay que resistir la apostasía clerical de la que hablamos recién, para reconquistar la fe verdadera; resistir a la partidocracia traidora para reconquistar la patria católica; y resistir a quienes envenenan a nuestros jóvenes para reconquistar la familia natural. En definitiva, resistir a la mentira para reconquistar la verdad. Lo que queremos instaurar es la patria cristiana que se ha perdido. Con todos los valores que hemos mencionado. Ya Donoso Cortés o Charles Maurras decían que detrás de todo problema político hay un problema religioso. La Revolución Mundial Anticristiana está dando sus últimos pasos para su triunfo total. Pero como dijo Salvador Borrego, cuando el enemigo esté a punto de triunfar sobrevendrá la instauración de un orden justo y cristiano. Esa es nuestra esperanza. Pero nuestra esperanza está puesta en Dios. Nosotros somos meros instrumentos. La lucha es nuestra; la victoria será de Dios.

– A nuestra generación le toca la resistencia…

– Sí. Ya Castellani decía que Dios nos va a medir por las cicatrices de la lucha. Y a nosotros nos toca empeñarnos a fondo. Porque, como decía antes, hay solo una minoría que hoy conserva los corazones ardientes para reinstaurar la patria en Dios y en la verdad. Y los enemigos son muchos y de toda naturaleza. Pero no debemos olvidar que hay una mayoría silenciosa que sí percibe que hay cosas que andan mal, aunque no alcance a advertir por qué ni cuáles son las causas. Ahí está nuestra tarea. La única opción posible es la resistencia, y no una resistencia pasiva sino activa, con un objetivo que es la reconquista de la patria verdadera, católica. Una resistencia que implica poner en riesgo el trabajo, la familia y hasta la vida misma.

– El uso político de la pandemia y lo que eso presagia a futuro es tenebroso. Pero la pandemia puso en evidencia no solo la manipulación del miedo sino también el hecho de que existió una resistencia.

– Ese espacio inicial de valentía personal debe convertirse en una resistencia comunitaria. Ya hay centros de estudios, agrupaciones, nacionalistas en diferentes lugares. Hay que avanzar a una etapa superior de organización.

– ¿Qué es Acción Argentina?

– Es una propuesta de reacción de parte nuestra, una iniciativa patriótica, distinta de lo que estamos viendo y que consiste en salirnos del contexto. Porque dentro del contexto actual no hay solución. La solución es prepararse para armar un sistema distinto que ponga el Estado al servicio del bien común y no como está ahora, al servicio de la partidocracia.

– ¿Y cómo? No sería mediante un partido, tampoco a través de un golpe…

– No. Estamos absolutamente en contra de esas chiquilinadas que solo han servido para consolidar el sistema. Esto parte de una renovación espiritual personal, para que una minoría pueda insuflar en el pueblo los valores verdaderos y así constituir un sistema político que ponga al Estado al servicio de la nación.

– Solo cabe decir: que Dios nos ayude.

– Por supuesto. José Antonio decía: nosotros luchamos, pero también creemos en el milagro. Nosotros también creemos en la intervención de Dios en la historia.

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