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La Mariología de San Francisco de Sales
Mons. Héctor Aguer
«Este trabajo sobre la Mariología de San Francisco de Sales ha incluido numerosos pasajes de sus obras referidos a la Madre de Dios… para dejar bien en claro la doctrina y la subsiguiente devoción, en una época en la que se difundían las negaciones de la Reforma».
La Mariología del Santo Obispo de Ginebra es admirable por su amplitud, altura y profundidad [1]. Estas características que le atribuyo destacan su condición personalísima. En esa visión de la figura mariana es recogido, obviamente, el desarrollo alcanzado en el siglo XVII por la teología católica; sin embargo, San Francisco expone lo que su contemplación le ha permitido penetrar y deducir; son elementos nuevos que sorprenden por su agudeza, y a la vez porque prolongan homogéneamente la doctrina eclesial sobre María elaborada a lo largo de los siglos. Esta elaboración mariológica es quizá el caso más típico de desarrollo desde los datos originales, que contenían en formulaciones breves y concentradas la amplitud de la evolución ulterior que fue admitida y sancionada repetidamente por el magisterio conciliar y pontificio. El aporte de los santos, obra de su inteligencia de fe y de su amor contemplativo, ha sido fundamental en el proceso aludido.
En esta exposición procuro seguir un orden que dispone la enseñanza mariológica del autor –presente en tratadossermonescartas y “entretiens”– con un criterio teológico: dignidad y excelencia de la Madre de Dios expresada ya en sus nombres y títulos, privilegio de su redención inminente, causa próxima de su santidad, virginidad que es gloria de su Hijo Jesucristo, vida interior y presencia de su amor, humildad y confianza en los acontecimientos de la vida del Señor. [Asimismo] No descuida el Salesio la relación de María con nosotros y el culto que le debemos.
El nombre propio de María es Domina, Señora, pero ella es incomparable con Dios, por eso vale para ella, como para los ángeles y los hombres el Domine, non sum dignus. Ella es Señora pero también esclava [2]. El nombre de María significa estrella, ya que como las estrellas producen su luz virginalmente y sin detrimento alguno de ellas, Nuestra Señora produce la luz inaccesible de su bendito Hijo sin desmedro de su virginidad, sino que, por el contrario, luce más bella [3]. Las comparaciones con realidades de la naturaleza, conocidas según los aportes científicos de la época –que hoy día pueden parecernos curiosos y aun extravagantes–, son una constante en el estilo de Francisco de Sales. Afirma que comprendemos algo de la grandeza de María cuando la consideramos Reina del Cielo y de la Tierra, de los Ángeles y de los hombres; esos títulos que le atribuimos ayudan a nuestro pobre entendimiento a representarnos de algún modo aquella magnitud… ella es la Madre del Verbo eterno, y es necesario llamarla Madre de Dios. Sin embargo, el Evangelista (Lc 1, 40) la nota como la más humilde… [4]. Otro significado posible del nombre de la Virgen los multiplica Francisco con entusiasta devoción: Estrella del Mar o Mar amargo, Señora exaltada, ilustrada o ilustradora. Los diversos sentidos del nombre se unen a los títulos que María ha recibido [5], por ejemplo: Esposa y Amante. Un misterio como el de la Encarnación, en este contexto de la enumeración de los títulos, es expresado a la luz del Cantar de los Cantares: se la llama Esposa y se la hace suspirar exclamando “que me bese con un beso de su boca”; el beso representa la unión del Verbo con la naturaleza humana en el seno de la Virgen. Esta imagen no debe extrañar, ya que se suma a las múltiples interpretaciones místicas el libro más divino y más humano de la Biblia, en la línea de las tradiciones judía y cristiana. Es frecuente en la obra de Francisco la aplicación a María de textos del Cantar [6] no como ejercicio dialéctico sino como algo sentido, experimentado con intensa devoción.
En una carta dirigida a la Madre de Chantal, atribuye a María otros títulos muy bellos. Le dice: nuestra querida Dueña, dulce Madre de los corazones, Madre del amor santo, Madre del Corazón de los corazones [7]. El nombre de Nuestra Señora lleva el significado de Estrella del mar o Estrella matutina; la identifica con la estrella polar que conduce la ruta en la navegación en el hemisferio norte [8]. En diversos contextos, la comparación con una estrella –ya ha sido indicada más arriba– se refiere a la virginidad de María en la Encarnación de la Segunda Persona de la Trinidad divina: ella “produjo virginalmente a su Hijo del mismo modo que las estrellas producen su luz”. También Ella es la estrella matutina –título recogido en las Letanías Lauretanas–, el lucero que anuncia la proximidad del sol [9].
El enfoque del misterio de la Encarnación vincula ese suceso con la procedencia eterna del Hijo respecto del Padre. La Segunda Persona de la Trinidad es producida (genitum, non factum) eternamente en el Cielo por el Padre, quien le comunica la divinidad, que no se divide: el Hijo y el Padre son uno solo y mismo Dios. La diferencia con la concepción virginal de María reside en que Ella lo produce de su seno y no en su seno, de modo que el Hijo permanece eternamente en el seno del Padre. Esta explicación no debe verse como una deducción teológica, sino como una contemplación del misterio de la Navidad del Señor, según lo reconoce el mismo autor [10]. La observación que desliza al respecto vale, en general, para otras situaciones en las que la meditación afronta un misterio abrupto de la fe que supera inmensamente la capacidad intelectual: no se debe “curiosear”, sino asumir el misterio como base de la meditación. Este dato revela el carácter contemplativo de la teología de Francisco de Sales.
Entre las realidades más grandes que Dios puede hacer, en la que interviene su infinita omnipotencia, se encuentra la maternidad de la Santísima Virgen: lo más excelente que puede obrar la infinitud de la omnipotencia divina en una simple criatura es hacerla su Madre [11]. La sagrada humanidad de Nuestro Señor era bien diferente de la nuestra, mancillada por el pecado y la corrupción, porque salió de la tierra virginal de María. Así como el Padre Eterno quiso que su Hijo único fuese Cabeza y Señor absoluto de todas las creaturas (referencia a Col 1, 15-18), quiso igualmente que la Santísima Virgen fuera la más excelente de todas, ya que la había elegido antes de todos los siglos para ser la Madre de su divino Hijo. De acuerdo con su método de ilustrar los misterios de la fe con comparaciones tomadas de la naturaleza, dice a propósito que el Verbo ha creado a María y ha nacido de ella como la abeja hace la miel y la miel la abeja, de modo que jamás se vio abeja sin miel ni miel sin abeja [12]. En las comparaciones tomadas de realidades o fenómenos de la naturaleza, Francisco asume los datos proporcionados por la ciencia de su época, y especialmente aquellos que eran universalmente reconocidos; no podía ser de otra manera.
El principio de todo el desarrollo mariológico es la afirmación del privilegio de la Inmaculada Concepción. Esta verdad fue proclamada como dogma de fe por el Papa Pío IX en 1854, pero era una convicción antiquísima de la Iglesia, expresada de distintas maneras. Una página del Tratado del Amor de Dios expone admirablemente esa condición de María como un ejemplo de la riqueza incomprensible del poder divino, un “exceso sagrado de su misericordia” que embellece su liberalidad. El Hijo, siendo sabio, poderoso y bondadoso, “debía prepararse una Madre a su gusto”: su redención le fue aplicada al modo de un “remedio preservativo”; [para] que el pecado, que corría de generación en generación, no llegara hasta ella. La página citada se encuentra en el Capítulo VI del Tratado (Libro II): refiere los “favores especiales ejercidos en la redención de los hombres por la divina Providencia”. El hecho de la Concepción Inmaculada de María es expresado con títulos diversos a modo de argumentos: rescatada de modo tan excelente que el torrente de la iniquidad original hizo rodar sus infortunadas olas sobre la concepción de esta sagrada Señora con tanto ímpetu como la de las otras hijas de Adán, pero al llegar allí no pasó adelante, sino que se detuvo como antiguamente, en tiempos de Josué, el Jordán detuvo su curso por respeto al Arca de la Alianza; el pecado original retiró sus aguas por reverencia y temor ante la presencia del verdadero Tabernáculo de la eterna alianza. La referencia bíblica remite al libro de Josué 3, 16s [13]. Enseguida Francisco recurre a otras citas bíblicas. El Salmo 125, 1, que lee en su versión latina, le permite afirmar que Dios le otorgó a María la dicha –le bonheur– de los dos estados de la naturaleza humana: tuvo la inocencia que el primer Adán había perdido, y gozó de manera excelente de la redención que el segundo le adquirió. Luego reúne los Salmos 44, 10 y 15, 11 para indicar que el Hijo adornó a su Madre con toda clase de perfecciones y la hizo la primera de todos los elegidos; la rescató de todo peligro de condenación asegurándole la gracia y la perfección de la gracia. “Redención admirable –continúa– obra maestra del Redentor” y la primera de todas las redenciones, por la cual el Hijo no solamente la preserva del pecado, como a los Ángeles, sino también de todo peligro de pecado y de todas las distracciones y los retardos en el ejercicio del amor santo. Con una cita del Cantar de los Cantares (6, 8; 7, 6), la proclama su “única paloma, su perfectísima, su Bienamada” [14].
En su Tratado, dedica un capítulo del Libro III para destacar “el incomparable amor de la Madre de Dios, Nuestra Señora”. Allí expresa un pensamiento verdadero y afectivo: “que al menos hacia el fin de sus días mortales su caridad sobrepasó a la de los Serafines” y de todos los Santos del Cielo en perfección, y así la ejerció en los días de su vida terrena. Con una referencia el Concilio de Trento (Sesión VI canon 23) afirma que, como la Iglesia lo estima, Ella jamás pecó venialmente, y no hubo retardo alguno en su crecimiento en el amor, sino que “subió de amor en amor por un avance perpetuo. No experimentó ninguna contradicción del apetito sensual, y por tanto su amor reinaba pacíficamente en su alma”; fue el suyo un amor maternal, “el más intenso, el más activo y ardiente de todos, amor infatigable e insaciable” como correspondía a tal Madre y a tal Hijo. Subrayo dos elementos de estas páginas devotísimas del Capítulo 8. En primer lugar, el amor de María a su propio cuerpo virginal como una imagen viviente del Salvador encarnado, que salía del mismo tallo que el suyo, que le pertenecía “en parentesco y consanguinidad”. Luego, el dormir de la Virgen, reposo de su cuerpo angélico, y sus sueños que provenían de su amor a Jesús y que se referían siempre a la vida del Señor tan unida a la suya. Señalo también dos referencias curiosas a la tradición: respecto del amor al propio cuerpo, que es una obligación, según San Agustín (De Doctr. Christ. libro I cap. 25), y de la necesidad del sueño, con una cita de San Juan Crisóstomo (Homilía 10 de Poenitentia) [15].
San Francisco tenía una firme convicción y un delicado afecto de la presentación de la Virgen, siendo niña, al Templo de Jerusalén; en varios sermones para la fiesta litúrgica de ese misterio ofrece una visión personal que completa lo que tantas veces ha tratado sobre la Inmaculada Concepción. El contexto es la opinión de que en el Templo había una especie de escuela para niñas que eran educadas en el servicio de Dios. En ese contexto afirma que “es cosa segura que ella gozaba del uso de la razón desde el seno de su madre”, un privilegio que también agració a Juan Bautista (así interpreta la reacción del niño cuando su madre Isabel recibió el saludo de María en la Visitación: cf. Lucas 1, 44). Al igual que luego lo hizo Jesús en su infancia, quien sería su madre creció como los demás niños: dotada de abundante ciencia, la ocultó “bajo las leyes de un profundo silencio”, estaba en condiciones de hablar desde su nacimiento, pero no quiso hacerlo sino a su tiempo, hasta el momento en que todos los niños lo hacen. Acto de simplicidad admirable: que aun apegada al pecho de su madre, no dejaba de tratar con Dios. La convicción acerca de una consecuencia inmediata de la carencia del pecado original, la repite varias veces, por ejemplo: “la Santa Virgen tuvo el uso de razón desde el instante de su concepción, y en el mismo instante vio como la Bondad divina la preservó del precipicio del pecado original, en el que iba caer si su mano poderosa no lo hubiera retenido”. De esa percepción brotó como reconocimiento de la gracia recibida, la consagración absoluta al servicio de Dios. “Pero, no obstante, ella mantuvo tres años su resolución cerrada y cubierta bajo las apariencias de la infancia”. Habla de “apariencias” porque en efecto “ella no era niña, porque teniendo el uso de razón llevaba una vida puramente contemplativa: era una niña sabia como no se puede imaginar alguien semejante, excepto su Hijo amado” [16]. Era una extensión del misterio de la Encarnación. Otra versión del mismo rasgo debe ser tenido en cuenta como luz que alumbra toda la mariología de Francisco de Sales: “Ella no tuvo el uso de razón de la misma manera que nuestro Salvador, que no pertenecía más que a él; pero la tuvo de una manera más excelente que San Juan Bautista puesto que ella fue elegida para una dignidad más grande… para hacer la Madre de Dios”. En otro Sermón para la fiesta de la Presentación, encontramos expresiones semejantes: la Providencia “le dio el uso de la razón y la fe por la cual Nuestra Señora conoció a Dios y creyó todo lo que era de la verdad, de suerte que, llena de esta claridad, se dedicará y consagrará a la divina Majestad, pero de una manera perfectísima”.
Es frecuente la comparación de la Virgen con el caso de Juan Bautista, objeto también de una privilegiada elección; el Precursor también liberado del pecado original fue enriquecido con total plenitud de gracias que “muchos doctores sostienen audazmente que jamás pecó venialmente, aunque otros tienen la opinión contraria”. En este contexto el Salesio destaca la santificación inminente desde el principio [17] de la Madre del Señor, quien a causa de su caridad cooperó a esa santificación: su corazón “estaba lleno de amor y de deseo de la salvación de los hombres, puesto que llevaba en su seno al Salvador y Redentor del mundo”. Me permito en este punto una digresión. Según Francisco de Sales la plena santificación original de María incluiría el deseo de la salvación de los hombres. El crecimiento en esa caridad la llevó a identificarse cada vez más con la obra de su Hijo. Esta perspectiva puede iluminar el problema de la Corredención, que no podía plantearse en esos términos en el siglo XVII. ¿Qué pensaría Francisco del nombre Corredentora? Aunque el uso de este título sea discutible, la fuente de su contenido me parece plenamente tradicional.
El santo obispo atribuye una gran importancia al misterio de la Presentación de María, y nos dejó varios sermones compuestos para su celebración litúrgica. Sostiene la opinión de que en el templo de Jerusalén había niñas que eran educadas en el servicio de Dios; María fue presentada para incorporarse a esa escuela. Según Francisco, “ella con fervor de espíritu ansiaba dejar la casa de sus padres y consagrarse «al servicio de su Esposo celestial», no veía el momento de cumplir con ese privilegio”. La ciencia abundante que recibió desde el comienzo la ocultaba “bajo las leyes de un profundo silencio”. En ese contexto, afirma que los padres de María cumplieron así el voto que habían hecho de consagrar a su Hija en el Templo. Este rasgo debe ser reconocido como básico, central en la Mariología de Francisco de Sales [18].
En principio no parecería de rigor histórico la existencia de una especie de escuela femenina en relación con el culto de Dios. Sin embargo, encontramos un rastro en el evangelio de Lucas, en el relato de la Presentación de Jesús; no es una niña sino una viuda, la profetiza Ana, que “no se apartaba del Templo”, sirviendo al Señor con ayunos y oraciones noche y día. El fundamento de la santidad de María, la causa próxima, está en haber escuchado y guardado la palabra de Dios que expresa la voluntad del Señor. En este rasgo consiste la ejemplaridad de la Madre de Dios. Francisco insiste en el tema del fundamento de la perfección y de la felicidad de María en el Cielo, que es haber obedecido siempre la voluntad del Padre, desde el instante de su concepción, sin variaciones ni discontinuidad; no estuvo sujeta al cambio y no se desprendió jamás de esa primera unión y adhesión [19]. Fue este un privilegio respecto de todas las criaturas. Los Ángeles pudieron cambiar y se apartaron de la gracia que habían recibido (caso de Lucifer y sus colegas). En cuanto a los hombres, todos los días podemos experimentar que estamos sujetos al cambio y a variaciones de humor o de voluntad; un día estamos alegres y otros tristes.
El tema de la escuela y obediencia de la palabra divina conduce a esta afirmación: María, en cierto sentido es más bienaventurada por haber escuchado y guardado la palabra que por ser Madre de Dios. Es la interpretación que corresponde a la respuesta de Jesús a la alabanza que una mujer anónima dirigió al “seno que te llevó y a los pechos que te amamantaron” (Lc 11, 27s): más felices los que escuchan la palabra y la guardan. Repetidas veces Francisco se refiere a ese episodio evangélico, al que atribuye el valor de la ejemplaridad [20]. La Virgen sobrepasa en dignidad y excelencia no sólo los santos, sino también a lo más altos Serafines y Querubines; aventaja a todos los bienaventurados [21].
Una comparación delicadísima sobre la cual no se debe “curiosear” es la que acerca la concepción virginal de Jesús con la procedencia eterna del Verbo en el seno del Padre; sin embargo ha de ser objeto de meditación [22]. La sutil diferencia reside en que María produjo a Jesús, el Verbo encarnado, de su seno y no en su seno, como el Padre celestial lo engendra eternamente; una vez nacido virginalmente de María, Jesús no vuelve al seno de su Madre.
¿Puede decirse que los ángeles son vírgenes? Jesús asimila a ellos a los resucitados en cuanto que ya no pueden contraer matrimonio. Así leemos en Mt. 22, 30. En realidad se aplica a los ángeles la virginidad analógica o impropiamente, pero eso basta para afirmar que la virginidad de María es superior [23]. Notar el neologismo evangélico, que significa “igual a los ángeles”.
La exaltación de la virginidad de María va unida a la adoración del misterio de la encarnación del Señor. Francisco de Sales no rehusó la controversia. Entre sus escritos tempranos encontramos las cartas al Ministro Louis Viret, respondiendo a sus ataques contra aquella verdad católica. Nuestro Señor Jesucristo ha sido hecho semejante a nosotros, pero no de la misma manera, porque “Él ha sido hecho por la operación sobrenatural del Espíritu Santo” [24].
En un largo sermón para la fiesta de la Asunción, [del] 15 de agosto de 1602, se encuentran reunidas las principales afirmaciones de una mariología [25], como comentario al Cantar de los Cantares 8, 5: ella es la que sube del desierto, abundante de delicias y apoyado en su Amado; es la nueva y definitiva Arca de la alianza. Señalo una toma de posición respecto a la muerte de María: Nuestra Señora Madre de Dios murió la muerte de su Hijo ya que no vivía más que de la vida de Él. Llegó al reino de su Hijo, y el Padre celestial habría dicho a Jesús: “tu Madre ha venido a ti, hazla habitar en el grado más alto, en la mejor y más eminente plaza de este reino”. Otro dato a recordar de esta magnífica pieza mariológica es cómo el culto que la Iglesia rinde a María evita dos herejías contrarias: una por exceso, que considera a Nuestra Señora diosa del cielo, error sostenido por los Colyridianosla otra por defecto, que rechaza el honor que los católicos brindan a la Virgen, error atribuído a quienes San Epifanio llama AntidicomaritasEsta observación es de máxima importancia; en el futuro no ha perdurado una tendencia excesiva ajena a la ortodoxia, pero si un “minimalismo” que ha procurado oponerse a la exaltación de María recogida en el Magisterio y ha retaceado siempre la alabanza que oficialmente rinde la Iglesia. Durante el Concilio Vaticano II se manifestaron dos tendencias: los tradicionalistas apoyaron el esquema preparado para aprobar un documento aparte sobre la Virgen, que recogiera la doctrina común de la Iglesia sobre la Madre de Dios; los renovadores o progresistas lograron que el tema Mariano fuera incorporado a la Constitución sobre la Iglesia Lumen gentium, de la cual constituye el capítulo 8. El Papa Pablo VI proclamó a María Madre de la Iglesia, con el desagrado de los “minimalistas”.
La vida interior de María, considerada en términos generales, se identifica sin más como su personalidad. Por el gran amor que profesa a su Madre, Jesús se hace todo suyo; recíprocamente ella es totalmente suya [26]. “Venit Christus in ventrem, venit in mentem”; este es un axioma inspirado en la respuesta de Jesús a la mujer anónima que bendecía el seno que lo llevó y los pechos que lo alimentaron: bienaventurados más bien quienes escuchan y cumplen la Palabra de Dios. Es el caso de María, perfecta en la contemplación y la entrega confiada a Dios [27].
Al referirse al nacimiento glorioso de María, celebrado por la Iglesia, aplica a Nuestra Señora varios textos bíblicos que la identifican en su relación con Cristo. Es la escala de Jacob pero inversa: el Señor la usa para “bajar” y asumir la naturaleza humana. El Señor la poseyó al comienzo de sus caminos (Prov 8, 22), ella fue afirmada en Sión la ciudad santa y descansó en ella (Ecli 24, 15s). Del Cantar de los Cantares toma Francisco la imagen de la carroza del Rey Salomón (Cant 3, 9), trono portátil, carro triunfal que lleva al rey vencedor, hecho de cedro y de ciprés del Líbano, maderas aromáticas e incorruptibles. Las exégesis de este texto, como la de otros pasajes del Antiguo Testamento es de carácter místico y acomodaticio, empleados con particular devoción. La aplicación a María procede de la fe acerca de la excelencia de la Madre de Dios; son los ojos de la fe los que ven a la Virgen proféticamente evocada en la Sagrada Escritura [28].
El incomparable amor de María a su Hijo inspira a unas páginas bellísimas del Tratado del Amor de Dios sobre el sueño, los sueños buenos y malos, y de allí el soñar de la Virgen Santísima: ella dormía, pero su corazón velaba (esta expresión: el corazón de la amada, siempre despierto y a la vez fijo en su amado, procede del Cantar 5, 2). Soñaba a Jesús todavía en su seno, o prendido a su pecho alimentándose; su dormir se parecía al éxtasis en cuanto operación del espíritu, en ese tiempo no estaba privada del uso de razón. Este tema del sueño y los sueños de María inspiran al autor admiración y una devoción con acentos dulcísimos [29].
Una síntesis de la vida espiritual de la Virgen se encuentra en una carta a la Baronesa de Chantal en la que designa a la Madre de Dios como Abadesa de la destinataria: temor que es ejercicio de pudor, candidez que interroga y desea ser enseñada, humildad; son rasgos que aparecen considerando su vida en Nazaret. En Belén destaca una vida simple de pobreza: escucha a los pastores como si fueran grandes doctores y con los reyes no intenta conquistarlos con homenajes. En la purificación obedece a la costumbre ritual; en la ida a Egipto y el regreso obedece simplemente a San José; su caridad la lleva a dedicar tiempo a la visita de su prima Santa Isabel. Busca al Niño Jesús llorando. Invitada a las bodas de Caná se compadece de la pobreza y confusión de quienes la invitaron y se ocupa de sus necesidades. Al pie de la cruz está “humilde y virtuosamente baja”. El pasaje es una invitación (repite el verbo “voyes”) a contemplar la vida de María desde los relatos de los Evangelios.
[Consideración Histórica]
Una consideración histórica de la existencia mariana comienza por su Presentación en el Templo. Francisco otorgaba especial importancia a la Fiesta litúrgica del 21 de noviembre, y nos ha dejado varios sermones predicados ese día. Aplica al acontecimiento la visita de la Reina de Saba a Salomón y la abundancia de perfumes que ésta llevó a Jerusalén: nunca fueron presentados a Dios en su Templo tantos y tan excelentes aromas como la Virgen llevó con ella cuando allá la condujeron san Joaquín y santa Ana [30].
La afirmación de que Nuestra Señora tuvo el uso de razón desde el primer instante de su existencia sirve de base para exponer el desarrollo y crecimiento de la gracia en ella, la cual jamás decayóla plena adhesión a la voluntad divina le mereció sin cesar nuevas gracias. Cuanta más gracia recibía, tanto más su alma se tornaba capaz de adherir a Dios, de suerte que ella se unía más que nunca y afirmaba su primera conjunción con Él. Ella es una ofrenda tal como Dios desea; además de la dignidad de su persona, ofrece todo lo que es y todo lo que tiene, con una ofrenda que jamás se discontinuó. La Presentación en el Templo no le era necesaria, pero tuvo el valor de la ejemplaridad para nosotros los cristianos [31].
El tema de la ejemplaridad de la Virgen no debe ser considerado como una reducción moralista, sino que ilustra el desarrollo histórico de la vida de la Madre de Dios a partir de su identidad, claramente explicada por el Salesio: “Dios la hizo pasar por todos los estados y grados para servir de ejemplo a todos los hombres”. En particular es modelo de la vida religiosa; este aspecto del argumento de la ejemplaridad lo propone frecuentemente a las monjas de la Visitación, creación suya y de Santa Juana de Chantal. Como niña y adolescente, María fue obediente a sus padres; presentada en el Templo a los tres años recuerda a padres y madres que deben educar a sus hijos en el temor de Dios. Fue también ejemplo para las jóvenes que se consagran al servicio del Señor; fue modelo de las esposas y viudas [32].
La identidad de María, ya suficientemente registrada, es confirmada en el comentario a los momentos históricos fundamentales.
La Anunciación es contemplada a la luz del Cantar de los Cantares. “La divina amante” llama a la Virgen, y el misterio de la Encarnación es el beso que la Esposa pide al esposo con ardiente deseo: “que me bese con un beso en su boca” (Cant 1, 3). Ese beso había sido rehusado y diferido largo tiempo, y fue concedido a esa Amante sagrada el día de la Anunciación en el momento en que ella profería aquel suspiro de amor. Entonces se dio la unión del Verbo eterno con la naturaleza humana en el seno sagrado de la gloriosa Virgen. Francisco atribuye esa interpretación a los Padres de la Iglesia [33], y él la emplea más de una vez (Cf. nota 5). Se trata de una contemplación mística del misterio. Otra lectura se detiene en tres uniones maravillosas que Dios ha obrado en la joven doncella: la primera es la de la naturaleza divina con la naturaleza humana en su seno; la segunda es la unión de la maternidad con la virginidad, y la tercera la de una altísima caridad y una profundísima humildad. La causa de tales junturas es que Dios es un solo Dios, que ama la unidad y se complace en mostrar la grandeza de su poder [34].
La Anunciación pone de relieve la humildad de la Virgen, que el Salesio se complace en subrayar especialmente; la ocasión fue, en concreto, su respuesta al Arcángel: yo soy la servidora del Señor. Pero después de ese acto de perfecta humildad y anonadamiento, produjo el acto de caridad dando su consentimiento y aceptación a lo que Dios requería de ella según la palabra del Mensajero [35]. La articulación de esas dos virtudes implica abajarse hasta el profundo abismo de la nada, pero al mismo tiempo elevarse por la caridad por encima de los Querubines y Serafines. Cuando la Virgen añade: que se haga en mí la palabra, en ese momento el Verbo divino tomó carne en su vientre virginal, y por ese medio se convirtió en Madre de Dios. La objetividad del “descenso” del Verbo eterno se cumple en la subjetividad de María, en su humillación y en su exaltación.
Con delicadeza, y a la vez con realismo, se describen las angustias de María y de José ante el descubrimiento por el santo esposo de la Virgen del embarazo de su mujer, sabiendo que no es suyo el fruto de esa concepción; los dos sufrieron. Ella experimentó un júbilo inmenso en la hora sagrada de la Encarnación del Verbo, y un extremo de dolor y de aflicción “viendo a su querido esposo a punto de abandonarla”. Su modestia –explica Francisco– “no le permitía descubrir a san José el honor y la gracia con la que Dios la había enriquecido”. La aflicción del marido es expresada mediante un recurso al Cantar de los Cantares: la pasión de amor es la más demente de todas las pasiones, es fuerte como la muerte (Cant, capítulo último, 6) pero los celos son duros como el infierno. Aquellas dos almas tan profundas y puras, padecieron el tormento interior de la perplejidad. El episodio es ocasión para subrayar su ejemplaridad: ante las contradicciones y aun cuando la sequedad espiritual anula el consuelo oración, es preciso guardar tranquilidad dejando todo en el poder de la Providencia [36].
El misterio de la Visitación (como “misterio” luego evocamos en el Rosario) fue venerado especialmente por San Francisco de Sales; su fundación monástica –con la participación de Santa Juana Francisca de Chantal– se llamó “Visitation Sainte Marie”. Varios sermones, compuestos para la fiesta litúrgica, expresan su pensamiento y su devoción. Ante todo: las razones de ese viaje que era “largo y difícil”. No movió a María la curiosidad de comprobar que la noticia que le diera el Ángel respondía a la realidad, sino para admirar la “gran maravilla” que Dios había cobrado al conceder que una anciana estéril tuviera un hijo –“sabía bien que en la Antigua Ley era algo vituperable ser infecunda”–. Pensó también la Virgen que Isabel, quien deseaba ardientemente la llegada del Mesías, recibiría una gran consolación al conocer que había llegado el tiempo deseado por los profetas y los patriarcas. Otra razón del viaje fue “devolver la palabra [a] Zacarías, que la había perdido por su incredulidad a la predicción del Ángel”, y el deseo de aportar bendiciones a aquella casa, donde por su llegada el niño [que] estaba en el seno de Isabel sería santificado. La humildad de la prontitud y la caridad, que nunca es ociosa, movieron a María a ponerse en viaje de inmediato; ella iba a alegrarse con su prima para ambas glorificar a Dios [37].
Sobre el misterio de la Visitación hay otros detalles de singular discreción y belleza. En primer lugar, las conversaciones de María con José para tener su permiso de ir a visitar a su prima; luego la prisa para encaminarse hacia esa meta llevando a quien ya habita en su seno, pero sin precipitación. “Los Ángeles se disponen acompañarla, y san José la conduce cordialmente. Yo quisiera saber algo de las conversaciones de esas dos grandes almas, porque a Ud. le gustaría mucho que le hablara de eso” (le escribe así a la Madre Chantal). El santo Patriarca percibía la fuerza y el vigor del niño que florece en la viña [de] María. Aquí hay una referencia al Cantar (2, 13): percibir el perfume de las viñas florecientes [38].
Que José haya acompañado a María es históricamente razonable. El viaje desde Nazaret (a 200 m. bajo el nivel del mar) hasta la montaña de Judá (Jerusalén se eleva a 700 m.) era largo y difícil; no podría hacerlo sola una muchacha embarazada. Otra posibilidad era plegarse a una peregrinación que iba a la Ciudad Santa. Durante los tres meses que permaneció en casa de Zacarías (Lc 1, 56), la Virgen, en sus conversaciones, “vertía el perfume y la miel de los que estaba llena” [39].
En un sermón para el primer Domingo de Adviento se presentan los cánticos pronunciados en el Nuevo Testamento, “excelentísimos” comparados con los del Antiguo. Entre ellos “primum fuit Virgineum, Magnificat”. Es la respuesta de María al elogio de Isabel: dichosa la que ha creído (Lc 1, 46-55). Entre los diversos géneros de cánticos, el Magnificat es del tipo “Dorien, quod animos ligandos, conciliandos et persuadendos tendit”, como también el Gloria in excelsis y los Salmos morales. La obra de Francisco de Sales es amplísima (además de las mayores: el Tratado del Amor de Dios y la Introducción a la Vida devota, gran número de sermones y cartas, las Conversaciones Espirituales); en ella cita muchas veces versículos del Magníficat, lo cual implica que lo meditaba y pronunciaba asiduamente. No es posible recoger en este escrito todos esos lugares.
Es evidente que el Magnificat fue especialmente apreciado por nuestro autor. Basta recoger el siguiente elogio: “Ella entonó ese hermoso y admirable cántico Magníficat, cántico que sobrepasa todos lo que habían sido cantados por las otras mujeres, más excelente que el de Judit (Ju 16, 1-21), más bello sin ninguna comparación con el que cantó la hermana de Moisés después que los hijos de Israel pasaron el Mar Rojo y que el faraón y los egipcios fueron sepultados por las aguas; en suma, más bello que el que ha sido cantado por Simeón (Lc 2, 29-32) y que todos [los] otros que menciona la Escritura”.
No falta la dimensión de la ejemplaridad. La presencia de Jesús en María hace pensar en su presencia en nosotros, especialmente cuando lo recibimos en la comunión eucarística; entonces nuestros pensamientos y sentimientos deben acompasarse a los de la Madre de Dios.
La consideración del nacimiento de Jesús en Belén comienza destacando la obediencia de José y María al decreto de Augusto que ordenaba empadronarse en la ciudad de origen. Aunque el emperador “fuese pagano e idólatra”, ellos fueron “amorosamente para satisfacer esa obediencia”. No falta aquí la nota de ejemplaridad, con una referencia a 1 P 2, 18: obedecer a los superiores difíciles [40].
En la vigilia de la Navidad sobresale la mira expectatio Virginis, como María aguardó el nacimiento del Señor. San Francisco invita a quedarnos “junto a esta Madre” que con amor ardiente hora a hora esperaba “ver salir de su vientre sagrado al bello pájaro del Paraíso”. Señala además que ella ha ido “mendigando la hospitalidad en Belén sin ninguna clase de vergüenza, sino más bien honrándose de esa sagrada y dichosa necesidad” [41]. Notemos cómo ante el misterio de Navidad –y lo hace en numerosas otras ocasiones– nuestro autor deja volar, a impulsos de su devoción, una imaginación que completa los relatos evangélicos con datos imposibles de atestiguar pero que no son inverosímiles. Este hecho revela la intimidad de su conocimiento de María y de su Hijo.
El nacimiento (Lc 2, 1-7) inspira ampliaciones contemplativas a las diversas escenas consignadas en el Evangelio: María junto a la cuna de Jesús y el silencio en el cual Nuestra Señora recogía cuanto se decía. Pero la afirmación central es el carácter virginal de la concepción y del parto, apoyado en los anuncios de “todos los profetas”. La argumentación es expresada retóricamente: “¿Cómo se puede pensar que Nuestro Señor iba a violar la integridad de su Madre, él que le había elegido porque era virgen?”. También es digna de especial mención la analogía entre la generación eterna del Hijo por el Padre celestial y la producción virginal por María en la tierra [42].
Varias veces San Francisco de Sales contempla la Virgen junto a Jesús recién nacido, e invita a reproducir la reverencia y el amor con que se encontraba allí. Lo hizo sobre todo en sermones predicados a las religiosas de la Visitación en la vigilia de Navidad. En el sermón XLI encontramos una reflexión bien interesante sobre la profundidad del misterio de la Encarnación: es como intentar leer un libro de un antiguo filósofo, un libro bello pero docto y difícil; lo que creemos y conocemos de la Encarnación es tan alto y tan profundo que diríamos que “no entendemos nada” aunque advertimos qué bello es este misterio. Lo sabremos un día, cuando celebremos la fiesta de Navidad en el cielo [43].
En las circunstancias del nacimiento se destaca el silencio de María: en Belén buscó un albergue para su Hijo sin decir palabra; “entra en el establo, da a luz a su Hijo bienamado, lo recuesta en el pesebre. Los Reyes vienen a adorarlo, y se puede pensar qué alabanzas dispensaron al Niño y a la Madre; ella no pronuncia ni una palabra”. El dato del silencio tal como es presentado resulta históricamente inverosímil, pero para Francisco es una categoría espiritual, es la actitud contemplativa, como la de otra María, hermana de Marta y de Lázaro [44].
El misterio de la Purificación manifiesta la humildad y la obediencia de la Madre de Dios. El relato del evangelio de Lucas comienza uniendo al acto prescrito por la ley judía a la Madre con la presentación del Primogénito, también de acuerdo a la ley; el texto griego (Lc 2, 22) dice: cuando se cumplieron los días de la purificación de ellosMaría estaba exenta de la disposición que obligaba a todas las madres, ya que “produjo a su hijo más puramente que la estrella al emitir su rayo, el cual la hace tanto más bella a nosotros cuanto más frecuentemente lo produce”. Ella no fue a Jerusalén para purificarse ella misma, si no para evitar que quienes ignoraban estaba exenta murmuraran porque no observaba la ley [45]. Se sigue inmediatamente la ejemplaridad del misterio, que nos mueve al renunciamiento evangélico hecho de humildad y obediencia. La interpretación del episodio evangélico es Mariológica; la referencia a la purificación de la Madre prevalece sobre la presentación del Señor. En varios lugares menciona el Nunc dimitis, el cántico de Simeón, pero pasa por alto la indicación Lucana sobre el asombro de María y José ante lo que se decía del Niño Jesús. En cambio, se detiene en la consideración de aquellas palabras proféticas: “una espada te atravesará el alma”. Se hace alusión a aquel anuncio en el contexto de afirmar que María vivió “en continua sujeción” a la voluntad de Dios a lo largo de toda su vida, desde su nacimiento “jamás se sirvió de su libertad” [46].
Otra expresión del mismo dato: Si se examina la vida de la Virgen, no se encontrará más que obediencia; menciona varios episodios y concluye: “no se encuentra en el Evangelio que haya hablado (quiere decir que el texto sagrado no recoge literalmente palabras suyas) salvo en las bodas de Caná para decir: hagan lo que mi Hijo les dirá, proclamando así la observancia de la obediencia” [47].
La interpretación del misterio de la Purificación-Presentación insiste, en diversas intervenciones, en la humildad y la obediencia de Jesús y de su Madre. En el sermón XXVIII se encuentra un tercer tema: “el método excelente que ellos nos enseñaron para hacer bien la oración”. Aquí critica la preocupación excesiva por hallar un método eficaz y la puntillosidad de revisar el modo cómo oran. “No hay más que una sola cosa necesaria, que es tener a nuestro Señor entre nuestros brazos”; esa condición procede de la afirmación del mismo Jesús: nadie puede ir a mi Padre si no por mí (Jn 14, 6), de ninguna manera podríamos hacerlo por nosotros mismos [48]. Sería “una horrible maldad” pretender excluir a Nuestro Señor de nuestra oración so pretexto de que la oración es elevación del espíritu a Dios.
Las mismas virtudes marianas se destacan en la huida a Egipto, sobretodo obediencia a la voluntad de Dios, a través de la obediencia a su marido. Francisco ensaya un diálogo con la Virgen a propósito de este episodio. “¿A dónde va usted, gloriosa Virgen, por ese pequeño Niño? Me voy a Egipto. ¿Quién la hace ir allá? La voluntad de Dios. ¿Será por largo tiempo? Lo que a él le agrade. ¿Y cuándo regresará? Cuando Dios lo ordene. Pero cuando usted regrese, ¿no estarán mucho más contenta que yendo? Ciertamente no. ¿Por qué? Porque haré la voluntad de Dios lo mismo yendo y permaneciendo allá que volviendo. Pero al volver irá usted a su patria. ¡Oh Dios, no tengo otra patria más que cumplir la voluntad divina! ¡Qué admirable ejemplo de obediencia es este!” [49].
Una única referencia a la búsqueda del Niño que se ha quedado en Jerusalén, presenta a la Madre como el modelo de quienes buscan a Cristo para contemplar su rostro; se encuentra en el Tratado del Amor de Dios. Se echa de menos un comentario a Lc 2, 48-49: el reproche de María a Jesús y la respuesta de éste, que marca la asombrosa diferencia: tu padre (por José) y mi Padre (el celestial).
Las Bodas de Caná sucedieron al comienzo de la vida pública de Jesús, quien acababa de elegir a sus primeros discípulos que, como dice el Evangelio, creyeron en él por el signo que realizó durante la reunión (Jn 2, 11). María y Jesús fueron invitados. Francisco de Sales presenta una interpretación moral del episodio. No lo contempla como un misterio, en relación con las Bodas realizadas en la Cruz, con protagonismo en ambos de la Mujer (Jn 2, 3; 19, 26). Ofrece un relato del acontecimiento, con detalles curiosos, por ejemplo, que la Virgen como otros parientes de los novios estuvo allí desde la víspera. Jesús vino para “rescatar, reformar y recrear al hombre, y para hacer esto no quiso asumir un aspecto grave, austero y rígido, sino más bien una manera de proceder suave, civil y cortés; por eso, estando invitado no se excusó, sino que participó y por consiguiente apartó muchas de las ligerezas y desórdenes que ordinariamente se cometen en tales circunstancias” [50]. Se destaca, además, el tono con que María pidió la intervención de su Hijo cuando se acabó el vino: “la Virgen se acercó a su Hijo que, sin dinero podía sólo él remediar esa necesidad. Miren un poco lo que hizo y dijo esta santa Señora: Señor, no tienen más vino. Como si ella hubiera querido decir: Señor e Hijo mío, esta gente es pobre, y aunque la pobreza te sea muy grata, esta es gravemente vergonzosa, porque reduce a menudo a extremos de desprecio y confusión ante el mundo. Esta buena gente que te ha invitado va a caer en la ignominia si tú no lo socorres; pero yo sé que eres todopoderoso, que proveerás a su necesidad e impedirás que reciban tal vergüenza y abyección. Además, no dudo de tu caridad y misericordia; acuérdate de la hospitalidad de ellos al invitarnos a su banquete, y provee, si te agrada, a lo que les falta”. Elogia Francisco, y pone como ejemplo, la reverencia y humildad de María en su súplica, e indica en la ocasión qué y cómo podemos pedir al Señor lo que necesitamos. Los dichos que he citado proceden de un sermón predicado el segundo domingo después de epifanía, el 17 de enero en 1621; ocupa 17 páginas de la edición completa de las obras del Obispo de Ginebra.
Al presentar la participación de María en la Pasión del Señor, el tema es la compasión, expresada en términos de la tradición devocional del catolicismo y como fruto del amor. Es oportuno al respecto evocar una página del Tratado del Amor de Dios. “Considera cómo el amor asume todas las penas, todos los tormentos, los trabajos, los sufrimientos, los dolores, las heridas, la pasión, la Cruz y la muerte misma de nuestro Redentor en el corazón de su sacratísima Madre. ¡Ay! los mismos clavos que crucificaron el cuerpo de ese divino Hijo (Enfant) crucificaron también el corazón de la Madre, las mismas espinas que atravesaron su cabeza traspasaron el alma de esta madre dulcísima, Ella tuvo las mismas miserias de su Hijo por conmiseración, los mismos dolores por condolencia, las mismas pasiones por compasión; y, en suma, la espada de la muerte que traspasó el cuerpo de este Hijo muy amado atravesó el corazón de esta amantísima Madre (Cf. Lc 2, 35)”. La idea es que la compasión, o condolencia, o conmiseración, recibe su grandeza del amor que la produce, y también de la grandeza de los dolores que se ve sufrir a quienes se ama; por pequeña que sea la amistad, si los males que se ven sufrir son extremos, nos provocan una inmensa piedad [51]. Este es el argumento esencial, la inseparabilidad de amor y dolor; eso es la compasión. Todos los que amaban al Señor experimentaron el dolor de su muerte, pero María lo amaba más que nadie y la medida de ese amor fue la medida de su dolor, fue la espada que le había sido profetizada, y ella amó esa herida y deseó continuamente morir de ella, de la misma muerte de su Hijo, ya que era un solo corazón con él. Jesús murió entre las llamas de la caridad, en holocausto perfecto por todos los pecados del mundo, y la Madre murió con él. Se me ocurre que, aunque no aparece el nombre de Corredentora, se expresa la idea de Corredención. El argumento es el amor [52].
La compasión de María es presentada como objeto de la obediencia, en la cual coinciden la Madre y el Hijo. En un extenso sermón para el Viernes Santo, leemos: “los corazones del Hijo y de la Madre se miraban con una compasión sin igual, pero también con una generosidad y constancia incomparables; porque ellos no se quejaban, no apartaban su vista uno del otro para hacer menos sensible la pena, si no que se miraban fijamente. En suma, no está en nuestro poder describir ni aún imaginar cuáles fueron los sufrimientos de Nuestro Señor en su Pasión” [53].
María, de pie junto a la Cruz recibió la gracia de un amor maternal por todos los hombres, sabiendo muy bien que “en la persona de San Juan aceptaba como suyos a todos los hijos de la Cruz y que ella sería la querida Madre”. Esta cita del mismo sermón el Viernes Santo enfoca, desde la perspectiva del amor paternal y de la unión con Jesús, la idea de un equivalente de la Corredención. Se advierte la importancia de la contemplación de la Mater Dolorosa, como si estuviera observando con emocionada piedad las numerosas representaciones pictóricas y escultóricas que inmortalizaron la escena. Una carta dirigida a una señora innominada el 23 de agosto de 1619 propone la imagen de “aquella no teniendo más que un hijo, pero hijo de amor incomparable, lo vio morir sobre la Cruz, con los ojos llenos de lágrimas y un corazón lleno de dolor, pero un dolor dulce y suave, en favor de su salvación (de usted) y de la salvación de todo el mundo”. Nuevamente la participación de María en la redención universal [54].
¿Por qué la Virgen permaneció en la tierra después de la Ascensión de Jesús? Parece este un tema circunstancial, pero Francisco reflexionando sobre él lo incorpora a los datos sobre la vida de María. Propone tres razones: 1. era una lumbrera requerida para la consolidación de los fieles que se encontraban en la noche de las aflicciones; 2. su permanencia aquí abajo le dio ocasión de hacer un gran acopio de buenas obras, a fin de que pudiera decirse de ella: “muchas mujeres han reunido riquezas, pero tú las superas a todas” (Prov, cap. ult., 29); 3. Contra los herejes que dirían que Jesús no tuvo un cuerpo natural y humano, sino fantástico, ella sería testigo de la auténtica humanidad del Señor. Ella vivió mucho después de la Ascensión, aunque el número de años no es seguro. El Salesio arriesga que fueron 15 años, con lo que lleva la vida de Nuestra Señora a los 63 años, aunque algunos –refiere– la hacen llegar a los 72. Lo importante es que “esta Arca de la nueva alianza permaneció así en el desierto de este mundo”. El tema de la duración de la vida de María va unido al de su muerte, que fue una muerte de amor como la de su Hijo. No puedo reunir antecedentes de esta doctrina, y no descarto la originalidad de Francisco de Sales [55].
María murió con la misma muerte de su Hijo, una muerte de amor. Esa situación es descrita en términos místicos. La herida recibida en el Calvario al ver morir a Jesús le proporcionó “asaltos, elevaciones, y una llama tal que era imposible que no muriese; su vida ya no era más que raptos, languideces y ardores. Ella llevaba cada día en su corazón las llagas de su Hijo; por algún tiempo las sufrió sin morir, pero finalmente murió de ellas sin sufrir”. La cuestión acerca de la muerte coincide con la fe en la asunción corporal al cielo. En este punto es oportuno recordar que en la definición dogmática realizada por Pío XII el 1º de noviembre de 1950, no se decide si María murió; la Constitución Apostólica Munificientissimus Deus, que es el texto de la definición, deja abierta la discusión. El Salesio presenta en estos términos la fiesta tradicional de la Asunción: “La santa Iglesia celebra hoy (15 de agosto de 1618) la fiesta de la muerte o dormición de la Santísima Virgen y de su asunción. Muchas han designado esta fiesta con diversos nombres: unos la llaman Asunción, otros la coronación de Nuestra Señora, y otros su recepción en el Cielo”. Basado en el Evangelio de la liturgia del 15 de agosto, observa: “hay mil consideraciones a hacer sobre ese tema (Lc 10, 38-42), pero yo me limito a dos, a saber: como esta Virgen sagrada recibió [a] Nuestro Señor y Maestro cuando él descendió del cielo [a] la tierra, y como su Hijo la recibió cuando ella dejó la tierra para ir al cielo”. De acuerdo al texto evangélico indicado, presenta a María ejerciendo durante su vida el papel de Marta, y el de su hermana María en la recepción que Jesús hizo de ella en la gloria. “Nuestra Señora hizo admirablemente bien en esta vida el papel de una y otra de las dos hermanas” [56].
Muerte, resurrección y asunción de la Madre, modeladas sobre la Pascua de Cristo; el argumento es presentado como “era bien razonable”. Vale la pena presentarlo íntegramente: “el alma santísima de Nuestra Señora dejó su cuerpo purísimo y este llevado al sepulcro y devuelto a la tierra como el de su Hijo, porque era bien razonable que la Madre no tuviera mayor privilegio que [su] Hijo. Pero lo mismo que Nuestro Señor resucitó al tercer día, Ella resucitó igualmente al cabo de tres días; con esta diferencia, sin embargo, porque el Salvador resucitó por su propio poder y autoridad, y nuestra Señora resucitó por la Omnipotencia de su hijo que ordenó al alma bendita de su Madre santísima reunirse con su cuerpo. Era por cierto bien conveniente que ese cuerpo purísimo no fuese de ningún modo alcanzado por la corrupción, porque el de Nuestro Señor había sido sacado de sus castas entrañas donde había reposado durante nueve meses” [57].
El razonamiento teológico queda expresado en las fórmulas “era bien razonable”, “era conveniente”; notar también la comparación Madre-Hijo, y la importancia que cobra el dato fundamental de la virginidad perpetua de María. Un corolario de la interpretación de la Asunción, es el perpetuo oficio de alabanza que María cumple en el Cielo: ella da más alabanza a Dios que todos los coros de los ángeles y de los hombres, aunque no guarda proporción con la glorificación que el Salvador tributa al Padre celestial. La voz de la Virgen se une así estrechamente al misterioso diálogo que constituye la vida de la Trinidad. Digamos que la Asunción de María al Cielo, que nosotros veneramos, nos descubre qué es el Cielo [58]. Ella canta eternamente el Magnificat que pronunció ante el elogio de Isabel en la Visitación; es la alabanza máxima que expresa la gratitud de toda la creación.
María en su relación con nosotros
Hablando de la Purificación de Nuestra Señora, María quiso libremente someterse. Francisco la presenta como la Nueva Eva, que amaba no solamente la ley a la cual obedecía, sino a su Autor; por eso la llama Esposa y Amante, y le aplica la expresión del Cantar de los Cantares (1, 3): “que él me bese con un beso de su boca”. El beso representa la “divina unión del Verbo eterno con la naturaleza humana”. La Encarnación es “el comienzo de su felicidad eterna”, es decir, la salvación del género humano [59].
La obra de Francisco de Sales es vastísima, ocupa 27 tomos de la edición de Annecy. A lo largo de ella (SermonesCartas, “Entretiens”, y las dos obras mayores: Introducción a la Vida devota y Tratado del Amor de Dios) enfoca las relaciones de la Virgen Santísima con nosotros, con el género humano, los hombres de todos los tiempos, íntimamente unida al Redentor, su Hijo Jesucristo. Anota que no es ella Redentora del género humano. No emplea el título de Corredentora, que se ha abierto paso en la teología posterior, aunque no sin oposición muchas veces. La llama Nueva Eva, que es por gracia nuestra Abogada, y expone el principio de su mediación, que es su cercanía e intimidad con Jesús: es Hija del Padre eterno, Madre del Hijo eterno y Esposa del Espíritu Santo [60].
María es modelo de todo cristiano, y en todos ellos está presente, ardiendo de celos por su salvación. Este rasgo es otro aspecto que avala su oficio de mediadora y corredentora. Otro título curioso es “Abadesa de las almas generosas”, que se le ocurre siguiendo algunos teólogos que afirmaban que ella instituyó en Éfeso con su hijo adoptivo san Juan, congregaciones de jóvenes mujeres, a una de las cuales dio reglas y constituciones; Francisco exclama “oh, qué divina Abadesa” y felicita a las religiosas, dichosas por haber sido instituidas por esta “divina Doctora”. El adjetivo “divina”, que el Salesio utiliza no pocas veces, se refiere a la identidad de la Madre de Dios, que esclareció habitualmente, y no pretende atribuirle la naturaleza divina. Diríamos que es un ditirambo entusiasta que expresa una fervorosa devoción [61]. Siguen los títulos que son como nombres: Refugio de los pecadores (los que no se obstinan en el pecado), Reina de los Apóstoles, Reina de todos los santos, de los que constituye la alegría. Vale la pena notar que Francisco no suele emplear el título de Reina más que cuando va acompañado de la designación de aquellos de quienes es Reina. Normalmente, el mismo significado corresponde a “Notre Dame”, Nuestra Señora. A propósito del uso escaso del apelativo “Reina”, viene a la memoria el dicho de Santa Teresita del Niño Jesús, “tiene más de Madre que de Reina”.
El estudio de la relación de María con nosotros precede al capítulo final de la Mariología, referido al culto mariano. En una rápida enumeración, se puede notar que suele llamarse culto de hiperdulía, para distinguirlo del culto de adoración, debido solamente a Dios, designado en latín latría. Explica Francisco que no es una adoración (latría) relativa la que se debe a Nuestra Señora [62]; el culto que la Iglesia le dirige es de hiperdulía. El prefijo griego hypèr indica que es superior a la simple veneración que se debe a los santos (dulía). Es un culto animado por la piedad filial, culto de devoción y confianza que invitan a la imitación. ¿En qué puede el cristiano imitar a la Madre del Señor, que es también Madre suya? Lo primero, se diría, es su humildad; el Salesio insiste sobre todo en esto [63], pero también se ofrece imitar su obediencia, su pobreza, y su devoción a la palabra de Dios. La Iglesia nos invita a unirnos a la oración de María y a sus alabanzas al Señor. El sábado ha sido tradicionalmente indicado como día mariano, dedicado [a] ella, sobre todo con la Misa. Es un acto de culto el rezo del Avemaría y del Rosario.
Este trabajo sobre la Mariología de San Francisco de Sales ha incluido numerosos pasajes de sus obras referidos a la Madre de Dios, pero podría extenderse en citas paralelas para dejar bien en claro la doctrina y la subsiguiente devoción, en una época en la que se difundían las negaciones de la Reforma. Son escasos, en realidad, los pasajes expresamente polémicos; el conjunto constituye una exposición positiva en la que cabe la teología del siglo XVII y una tierna y afectiva devoción personal.
+ Héctor Aguer
Arzobispo emérito de La Plata
Buenos Aires, viernes 21 de julio de 2023.-
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Notas: 
[1] [Nota del Centro Pieper: las “negritas” son nuestras]
[2] “… et de hac diceret etiam Virgo Beatissima: Domine, non sum dignus. Domina est Maria proprio nomine, at ipsa se ancillam” [Recuiel de notes pour le Carême de Grenoble (1617). Oeuvres, Tome VIII. Sermons, Vol II, 237].
[3] “… C’est donc à juste rayson que la tres sainte Vierge a un nom qui signifie estoile, car tout ainsy que les estoiles produisent leur lumiere virginalement et sans en recevoir aucun detriment en elles mesmes, ains paroissent plus belles à nos yeux, de mesme Notre Dame produisit cette lumiere inaccesible (1Tim. ult., 16), son Fils tres beni, sans en recevoir aucun detriment…” [Sermon I, pour le Veille de Noel (1613). Oeuvres, Tome IX. Sermons, Vol III, 6].
[4] Sermon XLII, pour la Fête de la Visitation. Oeuvres, Tome X. Sermons, Vol IV, 66, 96.
[5] “Qu’il me bayse d’un bayser de sa bouche! Ce fut alors que cette divine union du Verbe eternel avec la nature humaine, representée par ce bayser, se fit dans les entrailles sacrées de la glorieuse Vierge” [Sermon XLVI, pour la Fête de la Annonciation (1621), 42, 48, 60]. María es presentada como modelo de la vida religiosa claustral, y llamada Abadesa y Doctora. Notar la variedad de adjetivos, siempre de gran precio, para enaltecer todo lo que se refiere a María. Op. cit., 48: “O qu’hereuses sont les Religieuses qui vivent sous l’Institut de cette divine Abesse et qui sont instruites par cette grande Doctoresse…”.
[6] “Hier au soir, j’eus un sentiment fort particulier du bien que l’on a destre enfant, quoy qu’indigne, de cette glorieuse Mere, Estoile de mer, belle comme la lune, esleue comme le soleil” [Lettre DCCCII. A la Mere de Chantal (1612). Oeuvres, Tome XV, Lettres, Vol V, 258].
[7] “… notre chere Maistresse, douce Mere des coeurs, Mere du coeur des coeurs, Mere de sainte amour” [Lettre CMXXXVI à la Mere de Chantal (1613). Oeuvres, Tome XVI, Lettres, Vol. VI, 112].
[8] La comparación con la estrella polar tiene una aplicación a quienes son guiados en “el mar de este miserable mundo” para evitar los naufragios. “Ç’a toujour esté le nord de tous les nochers qui on navigé sur les ondes de la mer de ce miserable monde, pour s’empescher des naufrages ordinaires des navigations des mondains” [Sermon I. Pour la Veille de Noel (1613). Oeuvres, Tome IX. Sermons, Vol. III, 5]. El talante dulce y optimista de Francisco de Sales no oculta la realidad del mundo, fuente de peligros espirituales para el cristiano; el mundo es miserable, y existe la gente mundana. Podía hablar así porque todavía no soplaba en el siglo XVII el “espíritu del Concilio”, que ha mundanizado a la Iglesia del siglo XX.
[9] “La tres sacrée Vierge est aussi cette estoile matiniere qui nous apporte les gracieuses nouvelles de la venu du vray Soleil”. La referencia que figura en el texto al pasaje de Isaías 7, 14 de la Virgen que concebiría y daría a luz un hijo que sería Dios y hombre a la vez, que concebiría y daría a luz virginalmente, es extendida por Francisco a “tous les Prophetes”. Procede del mismo Sermon indicado en la nota anterior.
[10] “Nostre Seigneur est engendré et produit virginalement de tout eternité du sein de son Pere celeste; car si bien il prend la mesme divinité de son Pere eternel, il ne la divise pourtant pas, ains demeure un mesme Dieu avec luy. La tres sainte Vierge produit son fils Nostre Seigneur virginellement en terre come il fut produit de son Pere eternellement au Ciel, avec cette difference neanmoins, qu’elle le produit de son sein et non pas dans son sein, car dès qu’il en fut sorti il n’y rentra plus; mais son Pere celeste l’a produit de son sein et en son sein, car il y demeurera eternellement” [Oeuvres, Tome IX. Sermons, Vol. III, 5]. Es el mismo Sermón para la Vigilia de Navidad citado en las notas anteriores, pronunciado el 24 de diciembre de 1613. El mismo Francisco reconoce que no se trata de curiosear alambicadamente en un misterio tan grande, sino de asumirlo como fundamento de la meditación: “Cecy ne doit pas estre espluché ni consideré curieusement, et ne faut pas alambiquer nos entendemens apres la recherche de cette divine production, qui estun peu trop haute pour eux. Il est bon pourtant de s’en servir pour fondement des meditations que nous faisons sur le mystere de la Nativité de Nostre Signeur” [Ib., 6].
[11] “… la maternité de la Sainte Vierge, qui est l’oeuvre la plus excellente que la toute puissance du Seigneur puisse operer en une simple creature; car, comme pouvoit-il l’eslever plus haut que de la faire Mere de Dieu, c’est à dire de luy mesme?” [Sermon XV. Pour la Fête de la Toussaint. Oeuvres, Tome IX, Sermons Vol. III, 115 (Pronunciado el 1º de noviembre de 1617)].
[12] “En effect, comme le Pere eternel voulut que son Fils unique fust Chef et Seigneur absolu de toutes les creatures, de mesme voulut-il que la tres sainte Vierge fust la plus excellente entre toutes, puisqu’il l’avoit choisie avant tous les siecles pour estre la Mere de son divin Fils… De plus, le Verbe a creé Marie et il est né d’elle, de mesme que l’abeille fait le miel et le miel l’abeille, si que jamais on ne vit abeille sans miel ni miel sans abeille” [Sermon LXIX. Pour la Fête de Noel. Oeuvres, Tome X. Sermons, Vol. IV, 415].
[13] “De sorte qu’elle fut rachetee si excellemment, qu’encor que par apres le infortunees sur la conception de cette sacree Dame, avec autant d’impetuosité comme il eust fait sur celle des autres filles d’Adam, si est-ce qu’estant arrivé la, il ne passa point outre, ains s’arresta court, comme fit anciennement le Jourdain du tems de Josué, et pour le mesme respect: car ce fleuve retint son cours en reverence du passage de l’Arche de l’alliance, et le peché originel retira ses eaux, reverant et redoutant la presence du vray Tabernacle de l’eternelle alliance” [Traté de l’amour de Dieu, Livre II, Chap. VII. Oeuvres, Tome IV, 106].
[14] “Si que cette Mere sacree, comme toute reservee a son Filz, fut par luy rachetee, non seulement de la damnation, mais aussi de tout peril de la damnation, luy asseurant la grace et la perfection de la grace; en sorte qu’elle marchast comme une belle aube qui, commençant a poindre (Cant. 6, 9), va continuellement croissant en clarté jusques au plein jour (Prov. 4, 18). Redemption admirable, chef d’oeuvre du Redempteur et la premiere de toutes les redemptions, par laquelle le Filz, d’un coeur vrayement filial, prevenant sa Mere es benedictions de douceur (Sal. 20, 4) il la preserve non seulement du peché, comme les Anges, mais aussi de tout peril de peché et de tous les divertissement et retardement de l’exercise du saint amour. Aussi proteste-il qu’entre toutes les creatures raysonnables qu’il a choisies, cette Mere est son unique colombe, sa toute parfaite, sa toute chere Bienaymee, hors de toute parangon et de toute comparayson (Cat. 6, 8; 7, 6)” [Traté de l’Amour de Dieu. Livre II, Chap. VII. Oeuvres, Tome IV, 106-107].
[15] “… la Sainte Vierge et Nostre Seigneur son glorieux Fils, ayant eu l’usage de rayson dès le ventre de leur mere, furent par consequent douès de beaucoup de science; neanmoins ils la cacherent sous les loix d’un profond silence, car pouvant parler en naissant ils ne le voulurent pas faire, ains s’assujettirent à ne parler qu’en leurs temps” [Sermon XVI. Pour la Fête de la Présentation. Sermons, Vol. III. Oeuvres, Tome IX, 126, id. 233, 346, 384].
[16] “Pour reconnoissance de cette grace, (el uso de razón desde la concepción) elle se dedia et consacra dès lors si absolument à son service, que la parole qu’elle donna à la divine Majesté fut irrevocable. Mais nonobstant cela, elle tint l’espace de trois ans sa resolution close et couverte sous les apparences de l’enfance. Je dis sous les apparences, parce qu’en effect elle n’estoit point enfant, ains ayant l’usage de rayson, elle menoit une vie purement contemplative; c’estoit un si sage enfant qu’il ne s’en peut jamais imaginer un semblable, excepté son Fils bien aymé” [Sermon XXVI… Oeuvres, Tome IX, 233].
[17] Ana, que vivía en el templo, se presentó en aquel momento en que María y José presentaron a Jesús; alababa a Dios por la presencia del redentor de Israel y hablaba de él, como evangelizadora (Lc. 2, 37s).
[18] “Voyes votre Abbesse par tout ou elle est. En sa chambre de Nazareth … Voyes la en Betheleem. … Voyes la avec les Rois …. Voyes la en la Purification. En allant et revenant de l´Egypte … Elle ne croit pas de perdre le tems d´aller visiter sa cousine sainte Elizabeth par office d´une charitable civilité. Elle cherche Nostre Seigneur non pas en se res-jouissant, mais en pleurant. Elle a compassion de la pauvreté et confusion de ceux qui l´ont invitee aux noces, leur procurant leurs necessités. Elle est au pied de la Croix, humblement humble, basse, vertueusse, et vertueussement basse” [Fragments de Lettres á la Baronne de Chantal (1605-1608). DV Lettres – Volume IV. Oeuvres, Tome XIV, 109-110].
[19] “Nostre Dame a eu trois grans privileges au dessus de toutes les pures creatures: le premier est qu’elle a tousjours esté tres obeissante à la volonté de Dieu, c’est à dire a sa parole, et cela des l’instant de sa conception, sans jamais varier ni discontinuer, non pas mesme un seul moment. Elle ne fut jamais sujetter au changement et ne peut jamais se desprendre de cette premiere union et adhesion qu’elle fit alors de sa volonté avec celle de Dieu. Cette faveur ne fut accordé à nulle autre pure creature, non pas mesme aux Anges, car ils peurent changer et se departir de la grace qu’ils avoyent receüe de la divine Majesté à leur creation. Qu’ainsy ne soit, la cheute de Lucifer et de ses adherens le monstre assez. Et quant aux hommes, qui peut estre homme et ignorer qu’il ne soit changeant et variable?…” [Sermon XXVI. Pour la Fête de la Presentation. (21 novembre 1619). Sermons Volume III. Oeuvres, Tome IX, 231s].
[20] “Or, à la sainte Messe de ce jour on recite pour l’ordinaire l’Evangile où il est dit qu’une bonne femme oyant parler Nostre Seigneur s’escria: Bienheureux est le ventre qui t’a porté et les mammelles qui t’on allaitté. Mais le Sauveur, par un saint contreschange luy respondit. Bienheureux sont ceux qui escoutent la parole de Dieu et la gardent. Voyez-vous par où commence cette femme qui veut louer Nostre Seigneur? Par le ventre qui l’a porté et par les mammelles qui l’on allaitté; comme si elle eust voulu dire, poussée de la grandeur et excellence de nostre divin Maistre: O qu’heureux son le ventre qui t’a porté et les mammelles que tu as succées! et par consequent, que la Dame qui a esté esbeüe pour ta mere est bienheureuse!” [Sermon XXXV. Sermon pour une vêture, 17 octobre 1620. Oeuvres, Tome IX, 355s].
[21] “Certes, il n’y a point de Saint ni de Sainte qui luy puisse estre parangonné, car cette glorieuse Vierge surpasse en dignité et excellence non seulement les Saints, mais aussi les plus hauts Seraphins et Cherubins. Ell a un grand avantage par dessus tous les Bienheureux, qui est qu’elle s’est donnée et totalement dediée au service de Dieu dès l’instant de sa conception, puisqu’il n’y a nul doute qu’elle n’ayt esté toute pure et n’ayt eu l’usage de rayson dès que son ame fut mise en ce petit corps formè dans les entrailles de sainte Anne” [Sermon XXXVII. Pour la Fête de la Présentation (21 novembre 1620) Sermons, Vol. III. Oeuvres, Tome IX, 384].
[22] “La tres sainte Vierge produit son Fils Nostre Seigneur virginalement en terre comme il fuit produit de son Pere eternellement au Ciel, avec cette difference neanmoins, qu’elle le produit de son sein et non pas dans son sein, car dès qu’il en fut sorti il n’y rentra plus; mais son Pere celeste l’a produit de son sein et en son sein, car il y demeurera eternellement. Cecy ne doit pas estre espluché ni consideré curieusement, et ne faut pas alambiquer nos entendemens apres la recherche de cette divine production, qui est un peu trop haute pour eux. Il est bon pourtant de s’en servir pour fondement des meditations que nous faisons sur le mystere de la Nativité de Nostre Seigneur” [Sermon I. Pour la Veille de Noel (24 décembre 1613). Sermons, Vol. III. Oeuvres, Tome IX, 5s].
[23] “Mais en particulier, pour nous tenir en nostre propos commencé, en quel degré pensons-nous qu’il eust la virginité, qui est une vertu qui nous rend semblables aux Anges? (cf. Mt. 22,30; Lc. 20,36). Si la tres-sainte Vierge ne fut pas seulement Vierge toute pure et toute blanche, ains (comme chante la sainte Eglise aux respons des leçons des Matines, ” Sainte et immaculée virginité”, etc.) elle estoit la virginité mesme…” [Sermon XIX. Des vertus de Saint Joseph. Oeuvres, Tome VI Les vrays entretiens spirituels, Tome VI, 356].
[24] “… Vous confesses en fin que la conception de Nostre Seigneur est surnaturelle; donques, il a eté conceu surnaturellement et outre toute ordre de nature… Nostre Seigneur a eté faict semblable a nous, mays non pas en semblable façon; car il a esté faict par l’operation surnaturelle du Saint Esprit, et nous par l’operation naturelle de l’homme…” [Lettre du Ministre Louis Viret en réponse a ses attaques contre la virginité de Marie Mère de Dieu (1597). Tome XXIII, Opuscules Vol. II. Oeuvres Tome XXIII, 31, 37].
[25] Sermon LXI. Pour la Fête de l’Assomption, 15 août 1602. Sermons, 1er Volume. Oeuvres, Tome VII, 439-462.
[26] “Le grand amour que Nostre Seigneur porte a Nostre Dame et par lequel il se rend tout sien, est cause que Nostre Dame reciproquement est toute sienne…” [Sermon LXXIV. Plan d’un Sermon pour la Fête de l’Immaculée Coneption de la Sainte Vierge, 8 déc. 1608. Sermons, Vol. II. Oeuvres, Tome VIII, 28].
[27] “Nulla mulier tam attenta contemplationi, nulla tam operosa in actione, in nutriendo Christo… tota intenta contemplationi et confidentiae in Deum” [Sermon CLV. Sommaire d’un sermon pour la Fête de l’Assomption de la Sainte Vierge, 15 août 1621. Oeuvres, Tome VIII, 404].
[28] “Del extenso discurso y las numerosas citas de la Escritura, recojo la imagen del “carro de Salomón”: Vel, si velis, currus iste Beata Virgo, ex lignes candoris et incorruptionis; virginitas insignes, virginitas virginitatum … Los caballos que tirn de este carro son cuatro clases de hombres: Patriarcas, como Abraham, Isaac, Jacob, Judá; Reyes, Profetas y Sacerdotes. ¿Quién es el auriga? Heu! noster Joseph” [Sermon XCVIII Puor la Nativité de la Saente Vierge – Sermons, Vol. II. Oeuvres, Tome VIII, 143-145].
[29] “Hé, doux Jesus, qu´est-ce que devoit songer vostre tressainte Mere lhors qu´elle dormoit et que son coeur veillot?… ni je ne dis ni je ne veux dire que cette ame tant privilegiee de la Mere de Dieu esté privee de l´usage de rayson en son sommeil… le coeur de la Vierge Mere demeura perpetuellment enflammé su saint amour qu´elle reccut de son Filz… Et les flammes sacrees de la Vierge… ne cesserent jamais de prendre des accroissemens incroyables jusques au Ciel, lieu de leur origine” [Traitté de l´Amour de Dieu, Livre III, Chapitre IX. Oeuvres, Tome IV, 193-195].
[30] “Ainsy que l’ont ne vit jamais tant de parfums dans la ville de Hierusalem comme elle y en porta… jamais tant de parfums et tant de baume ne furent presentés à Dieu en son Temple comme la tres sainte Vierge en porte aujourd’huy avec elle; jamais aussi la divine Majesté n’avoit jusques alors receu un si excellent et tant aggreable present comme celuy des bien heureux saint Joachim et sainte Anne. Ils vindrent donc en Hierusalem pour accomplir le voeu qu’ils avoyent fait à Dieu de luy dedier leur glorieuse Enfant dans le Temple, où on eslevoit d’autres jeunes filles pour le service de la divine Majesté… Voyez-vous, le temps luy duroit sans doute, à nostre glorieuse Dame, de voir arriver le jour auquel ses parens la devoyent offrir à Dieu, car c’est une chose tres asseurée qu’elle avoit eu l’usage de la rayson dès le ventre de sa mere. Il ne faut pas croire que ce privilege ayant esté donné a saint Jean, la Sainte Vierge en ait esté privée” [Sermon XVI. Pour la Fête de la Présentation de la Sainte Vierge (21 novembre 1617). Sermons, Vol. III. Oeuvres, Tome IX, 126s].
[31] “Nostre Dame fait aujourd’huy une offrande telle que Dieu desiroit, car outre la dignité de sa personne qui surpasse toutes les autres apres son Fils, elle offre tout ce qu’elle est et tout ce qu’elle a; et c’est ce que Dieu demande” [Sermon XXVI. Pour la Fête de la Présentation (21 novembre 1619). Sermons, Vol. III. Oeuvres, Tome IX, passion].
[32] “Certes, cette glorieuse Dame a esté un miroüer et abbregé de la perfection chestienne; mais bien que Dieu l’aye fait passer par tous les estats et degrés pour servir d’exemple à tous les hommes, si est-elle le particulier modele de la vie religieuse” [Sermon XXXIV. Pour la Fête de Saint Nicolas de Tolentin (10 septembre 1620). Sermons, Vol. III. Oeuvres, Tome IX, 342].
[33] “Les Peres, considerant cette parole du Cantique des Cantiques que l’Espouse addresse à son Espoux, qu’il me bayse d’un bayser de sa bouche, disent que se bayser qu’elle desire ardemment n’est autre que l’execution du mystere de l’Incarnation de Nostre Seigneur, bayser tant attendu et souhaité pendant une si longue suite d’années par toutes les ames qui meritent le nom d’amantes. Mais en fin ce bayser… fut accordé à cette Amante sacrée, Nostre Dame, laquelle meritie le nom d’Espouse et d’Amante par excellence au dessus de toutes autres… Ce fut alors que cette divine union du Verbe eternel avec la nature humaine, representée par ce bayser, se fit dans les entrailles sacrées de la glorieuse Vierge” [Sermon XLVI. Pour la Fête de l’Annonciation. Sermons, Vol. IV. Oeuvres, Tome X, 42s].
[34] “… trois autres unions merveilleuses que Dieu a fait en elle. La premiere est celle de la nature divine avec la nature humaine dans ses sacrés flancs… La seconde union qu’il a fait en Nostre Dame a esté celle de la maternité avec la virginité. La troisiesme union est celle d’une tres haute charité et d’une tres profonde humilité… Il est vray que nul autre que Dieu ne puvoit faire l’union de ces deux vertus; mais luy, qui n’est qu’un seul Dieu, veut et ayme l’unité, et se plait à monstrer la grandeur de son pouvoir en faisant de si admirables jonctions” [Sermon XLVII. Pour la Fête de la Visitation. Sermons, Vol. IV. Oeuvres, Tome X, 61-63].
[35] “Il est vray qu’elle ne s’humilia jamais si profondement que quand elle dit: Voicy la servante du Seigneur; mais apres avoir fait des actes d’une si parfaite humilité et aneantissement et estre descendue le plus bas qu’elle pouvoit, elle produit consecutivement des actes de charité, en adjoustant: Me soit fait selon la parole; car en donnant son consentement et acquiescement à ce que l’Ange luy annonçoît que son Dieu demandoit d’elle, elle fit paroistre la plus grande charité qui se peut imaginer…” [Sermon XLVII. Pour la Fête de la Visitation. Sermons, Vol. IV. Oeuvres, Tome X, 64].
[36] Les Vrays Entretiens Spirituels, III De la fermeté. Oeuvres, Tome VI, 38, 49.
[37] “… Elle y alla pour voir cette grande merveille ou cette grande grace que nostre Dieu avoit fait a cette bonne vielle et sterile, de concevoir un fils en sa sterilité, car elle sçavoit bien qu’en l’ancienne loy c’estoit une chose blamable d’estre infeconde; mais parce que cette bonne femme estoit vielle, elle alla aussi pour la servir en cette sienne grossesse” [Sermon XIX. Pour la Fête de la Visitation. Sermons, Vol. III. Oeuvres, Tome IX, 168].
[38] “Les Anges se disposent a l’accompaigner, et saint Joseph a la conduire cordialement. Je voudrais bien sçavoir quelque chose des entretiens de ces deux grandes ames… Mais penses que la Vierge ne sent que ce de quoy ell’est pleyne et qu’elle ne respire que le Sauveur; saint Joseph reciproquement n’aspire qu’au Sauveur qui, par des rayons secretz, luy touche le coeur de mille extraordinaires sentimens…” [Lettre DCVIII à la Mère de Chantal (30 jouin 1610) Lettres, Vol. IV. Oeuvres, Tome XIV, 324].
[39] “… quelle bonne odeur respandit en la maison de Zacharie cette belle fleur de lis, trois mois qu’elle y fut… elle versoit de ses sacrees levres le miel et le bausme pretieux; car que pouvoit-elle espancher que ce dequoy elle estoit pleine? Or, elle estoit pleine de Jesus” [Lettre DCXCIX à la même. (1º ou 2 juillet 1611) Lettres, Vol. V. Oeuvres, Tome XV, 76].
[40] “Nostre Signeur, Nostre Dame et saint Joseph nous ont fort bien enseigné cette façon d’obeir, au voyage qu’il firent de Nazareth en Bethlehem; car Cesar ayant fait un edict, que tous ses subjets allassent au lieu de leur naissance pour y estre enroollés, ils y allerent amoureusement pour satisfaire a ceste obeissance, bien que Cesar fust paien et idolastre…” [Entretien XI. De la vertu d’obeissance. Les Vrays Entretiens spirituels. Oeuvres, Tome VI, 173].
[41] Lettre MCXLVII à Madame de Vignod, Religieuse de l’Abbaye de Sainte-Catherine (24 décembre 1610-1615). Lettres Vol. VII. Oeuvres, Tome XVII, 116.
[42] “Tous les Prophetes ont sceu que la Vierge concevroit et enfanteroit un enfant qui seroît Dieu et homme tout ensemble; elle concevroit, mais par la vertu du Saint Esprit (Is. 7,14); elle concevroit son Fils virginalement et l’enfanteroit de mesme virginallement. Quelle apparance, je vous prie, y a-t-il que Nostre Seigneur deust violer l’integrité de sa Mere, luy qui ne l’avoit choisie sinon parce qu’elle estoit vierge?… Nostre Seigneur est engendré et produit virginalement de toute eternité du sein de son Pere celeste… La tres sainte Vierge produit son Fils Nostre Seigneur virginalement en terre”. Se indica empero una distinción entre ambas generaciones. María produjo a Jesús “de su seno y no en su seno, ya que después de salir ya no estuvo más allí; mientras que el Padre celestial lo produjo de su seno y en su seno, porque allí permanecerá eternamente” [Sermon I pour la Veille de Noel (24 décembre 1613). Sermons, Vol. III. Oeuvres, T. IX, 5-6].
[43] “Voyla donques ce Dieu incarné. O que c’est une belle chose à considerer que le mystere tres haut e tres profond de l’Incarnation de nostre Sauveur! Mais tout ce que nous en pouvons entendre et comprendre par le discours n’est rien, et pouvons bien dire à ce propos ce que disoit un sage qui lisoit un livre tres haut et obscur d’un ancien philosophe (je ne me souviens pas de son nom); il advoua franchement: Ce livre est si docte et difficile que je n’y entens presque rien; le peu que je comprens est extremement beau, mais je crois que ce que je n’entens pas l’est plus encores. Nous nous pouvrons bien servir de ces paroles considerant le mystere de l’Incarnation, et dire: Ce mystere est si haut et si profond que nous n’y entendons rien… En fin nous le sçavons un jour là haut, où nous celebrerons avec un contentement incomparable cette grande feste de Noël, c’est à dire de l’Incarnation; là nous verrons clairement tout ce qui s’est passé en ce mystere…” [Sermon XLI. Pour la Veille de Noel. Sermons Vol. III. Oeuvres, Tome IX, 460s].
[44] Las dos hermanas, Marta y María, representarían a Nuestra Señora, que “hizo admirablemente en esta vida el ejercicio de una y otra de las dos mujeres”; se preocupó entregada al servicio de su Hijo, pero permaneció silenciosa junto a él contemplándolo. “Elle prattiqua merveilleusement bien l’exercice de Marie. Le saint Evangile fait une particuliere mention du silence de Nostre Dame (Lc. 2,51). Marie se taisoit et se tenoit aux pied de son Maistre, elle n’avoit qu’un soin qui estoit de posseder sa presence; de mesme il semble que nostre digne Maistresse n’eust que ce soin. La voyez-vous là, dans la ville de Bethleem, où l’on fit tout ce qu’on peut pour luy trouver un logis? Il ne s’en trouve point, elle ne dit un mot. Elle entre dans l’estable, elle produit et enfante son Fils bien aymé, elle le couche dans la creche. Les Roys le viennent adorer, et l’on peut penser quelles louanges ils donnerent à l’Enfant et à la Mere; elle ne dit pas un mot…” [Sermon XXI pour la Fête de l’Assomption de la Sainte Vierge (15 août 1618). Sermons, Vol. III. Oeuvres, Tome IX, 179].
[45] “Or, nostre chere Dame et Maistresse n’avoit point besoin de purification, elle qui estoit plus belle que le soleil, plus pure que la lune et plus admirable que l’aurore. Mais comme en eust-elle eu besoin, vu qu’elle avoit produit son Fils plus purement que ne fait l’estoille son rayon, rayon qui rend l’estoille d’autant plus belle à nos yeux qu’elle le produit plus frequemment? Elle vient donques, nostre sacrée Maistresse, non pour se purifier elle mesme, ains seulement en l’imagination de plusieurs qui, ne sçachans pas qu’elle estoit exempte d’observer la loy; eussent murmuré dequoy elle ne l’observoit pas” [Sermon II. Pour la Fête de Saint Blaise sur le mystère de la Purification et le renoncement evangelique, 8 février 1614. Sermons, Vol. III. Oeuvres, Tome IX, 16].
[46] “Il est vray que le coeur tendrement amoureux de cette dolente Vierge estoit transpercé de vehementes douleurs; et qui pourroit exprimer les peines et convulsions qui se passoyent alors dans ce coeur sacré! Neanmoins nous voyons qu’il suffit à cette sainte Dame de sçavoir que c’estoit la volonté du Pere eternel…” [Sermon XXXIV. Pour la Fête de Saint Nicolas de Tolentin (10 septembre 1620). Sermons Vol. III. Oeuvres, Tome IX, 352s].
[47] “Quant à Nostre Dame, voyez et considerez tout le cours de sa vie, vous n’y trouverez qu’obeissance… Il ne se trouve point en l’Evangile qu’elle ait parlé, sinon aux noces de Cana en Galilée lors qu’elle dit: Faites ce que mon Fils vous dira preschant ainsy l’observance de l’obeissance. Cette vertu est compagne inseparable de l’humilité, car l’humilité fait que nous nous sousmettons à obeir” [Sermon XXVIII. Pour la Fête de la Purification. Sermons, Vol. III. Oeuvres, Tome IX, 257s].
[48] “Voyons en troisiesme lieu comme nous pouvons remarquer en l’Evangile d’aujourd’huy une excellente maniere de bien faire l’oraison… Il n’y a qu’une seule chose necessaire pour bien faire l’oraison, qui est d’avoir Nostre Seigneur entre nos bras… car le divin Maistre l’a dit luy mesme: Nul ne peut aller à mon Pere que par moy. L’ oraison n’est autre chose qu’une elevation de nostre esprit en Dieu, que nous ne pouvons nullement faire de nous mesmes” [Sermon XXVIII. Pour la Fête de la Purification. Sermons, Vol. III. Oeuvres, Tome IX, 259-260].
[49] “Combien cette divine Mere nous a-t-elle laissé de merveilleux exemples de son obeissance à la volonté de Dieu! Voyez son mariage à saint Joseph, sa fuite en Egypte. Où allez-vous, o glorieuse Vierge, avec ce petit Poupon? Je m’en vay en Egypte. Qui vous y fait aller? La volonté de Dieu. Sera-ce pour long temps? Tant qu’il luy plaira. Et quand reviendrez-vous? Quand Dieu le commandera. Mais lors que vous reviendrez ne serez-vous bien plus joyeuse qu’en y allant? O non certes. Et pourquoy? Parce que je feray aussi bien la volonté de Dieu en y allant et demeurant qu´en m’en revenant. Mais vous en retournant vous irez dans vostre patrie. O Dieu, je n’ay point de patrie que celle d’accomplir la volonté divine. ¡O admirable exemple d’obeissance que celuy-cy!” [Sermon XXXVII. Pour la Fête de la Presentation. Sermons, Vol. III. Oeuvres, Tome IX, 394].
[50] “La Vierge vient donc à son Fils qui, sans argent, pouvoit seul mettre remede à cette necessité. Remarquez un peu ce que fait et dit cette tres sainte Dame: Mon Seigneur, ils n’ont point de vin. Comme si elle eust voulu dire: Mon Seigneur et mon Fils, ces gens icy sont pauvres, el quoy que la pauvreté soit grandement aymable et vous soit for aggreable, si est-ce qu’elle est de soy grandement honteux, car elle reduit souvent son hoste à d’extremes mespris et confusions devant le monde. Ces bonnes gens qui vous ont invité s’en vont tomber en une grande ignominie si vous ne les secourez; mais je scay que vous estes tout puissant, que vous pourvoirez à leur necessité et empecherez qu’ils ne reçoivent une telle honte et abjection. De plus, je ne doute point de vostre charité et misericorde; souvenez-vous de l’hospitalité qu’ils nous ont faite de nous convier a leur banquet, et fournissez, s’il vous plaist, ce qui leur manqué” [Sermon XLIII. Pour le 2º Dimanche après l’Epiphanie. Sermons, Vol. IV. Oeuvres, Tome X, 8-9].
[51] “Mais sur tout, considerés comme l’amour tire toutes les peynes, tous les tourmens, les travaux, les souffrances, les douleurs, les blessures, la passion, la croix et la mort mesme de nostre Redempteur dans le coeur de sa tres sacree Mere. Helas, les mesmes clouz qui crucifierent le cors de ce divin Enfant crucifierent aussi le coeur de la Mere, les mesmes espines qui percerent son chef outrepercerent l’ame de cette Mere toute douce; elle eut les mesmes miseres de son Filz par commiseration, les mesmes douleurs par condoleance, les mesmes passions par compassion; et en somme, l’espee de la mort qui transperça le cors de ce tresaymé Filz autreperça de mesme le coeur de cette tres amante Mere…” [Tratté de l’Amour de Dieu, Livre V, Chapitre IV. Oeuvres, Tome IV, 269].
[52] “Or cette poitrine maternelle estant ainsy blesse d’amour, non seulement ne chercha pas la guerison de sa blessure, mays ayma sa blessure plus que toute guerison, gardant cherement les traitz de douleur qu’elle avoit receu, a cause de l’amour qui les avoit descochés dans son coeur, et desiderant continuellement d’en mourir, puisque son Filz en estoit mort, qui, comme dit toute l’Escriture Sainte et tous les docteurs, mourut entre les flammes de la charité, holocauste parfait pour tous les pechés du monde” [Traitté de l’Amour de Dieu, Livre VII, Chap. XIV. Ouvres, Tome V, 52s].
[53] “… Les coeurs du Fils et de la Mere se regardoyent avec un compassion nompareille, mais aussi avec une generosité et constance incomparables; car ils ne se plaignoyent point, ils ne se destournoyent point leur veüe l’un de dessus l’autre pour rendre leur peine moins sensible, ains ils se regardoyent fixement. Bref, il n’est pas en nostre pouvoir de descrire ni mesme imaginer quelles furent les souffrances de nostre Maistre en sa Passion” [Sermon XXIX. Pour le Vendredi-Saint (17 avril 1620). Sermons, Vol. III. Oeuvres, Tome IX, 281s].
[54] “…Celle qui náyant qu´un filz d´amour incomparable, le vit mourir sur la croix, avec les yeux pleins de larmes et un coeur plein de douleur, mais de douleur douce et suave, en faveur de vostre salut et de celuy de tout le monde” [Lettre MDXLV a une Dame (23 août 1619). Lettres, Vol. IX. Oeuvres, Tome XIX, 7].
[55] “… Nostre Dame ne mourut pas avec son Filz. Ce pendant voyes les raysons pour lesquelles son Filz la laissa apres luy en ce monde. 1. Ce luminaire estoit requis pour la consolation des fidelles qui estoyent en la nuict des afflictions. 2. Sa demeure ici bas luy donna loysir de faire un grand amas de bonnes ouvres, affin qu’on peust dire d’elle: Plusieurs filles ont assemblé des richess, mais tu les as toutes surpasses (Prov. ult. 29). 3. Quelques heretiques dirent, tout aussi tost que Nostre Seigneur fut mort et monté au Ciel, qu’il n’avoit pas eu un cors naturel et humain, mais fantastique. La Vierge sa Mere demeurant apres luy, sevoit d’un asseuré tesmoignage pour la verité de sa nature humaine, commençant par la a verifier ce que nous chantons d’elle: “Cuntas haereses interemisti…” Il nous suffit de sçavoir que ceste sainte Arche de la nouvelle alliance demeura ainsy en ce desert du monde, sous les tentes et pavillons, apres l’Ascension de son Filz” [Sermon LXI. Pour la fête de l’Assomption (15 août 1602). Sermons 1º Volume. Oeuvres, Tome VII, 441s].
[56] “La sainte Eglise celebre aujourd’huy la feste du glorieux trespas ou endormissement de la tres sainte Vierge et de son Assomption. Plusieurs ont nommé cette feste de divers noms: les uns l’appellent l’Assomption, les autres le couronnement de Nostre Dame et les autres sa reception au Ciel. Il y a des milliers de considerations à faire sur ce sujet, mais je me restreins et n’en diray que deux, à sçavoir mon, comment cette sacrée Vierge receut Nostre Seigneur et Maistre lors qu’il descendit du Ciel en terre, et comment son divin Fils la receut lors qu’elle quitta la terre pour aller au Ciel” [Sermon pour la fête de l’Assomption de la Sainte Vierge, 15 août 1618. Sermons Vol III. Oeuvres, Tome IX, 178].
[57] “L’ame tres sainte de Nostre Dame ayant quitté son corps tres pur, il fut porté au sepulcre et rendu à la terre ainsy que celuy de son Fils, car il estoit bien raysonnable que la Mere n’eust pas plus de privilege que le Fils. Mais tout ainsy que Nostre Seigneur ressucita au bout de trois jours; differemment neanmoins, d’autant que le Sauveur ressucita de sa propre puissance et authorité, et Nostre Dame ressucita par la toute puissance de son Fils qui commanda à l’ame benite de sa tres sainte Mere de s’aller reunir à son corps. Il estoit certes bien convenable que ce corps tres pur ne fust aucunement entaché de corruption, puisque celuy de Nostre Seigneur avoit esté tiré de ses chastes entrailles et y avoit reposé neuf moys durant” [Sermon XXI. Pour la fête de l’Assomption (15 août 1618). Sermons, Vol. III. Oeuvres, Tome IX, 184-185].
[58] “Nostre Seigneur… est appellé le nouvel Adam, qui est venu pour reparer la faute du premier… Nostre Dame est nommée la nouvelle Eve” [Sermon LIII. Pour la fête de la Purification (2 fevrier 1622). Sermons, Vol. IV. Oeuvres, Tome X, 171, 176]. Notar que este sermón es de plena madurez, cercano a la muerte del santo; desarrolla el tema del pecado original cometido por la primera pareja, y la redención debida a la nueva: Cristo redentor y su Madre que, aunque no reciba el nombre, cumple el oficio de Corredentora por ser la Nueva Eva.
[59] Isabel, en la Visitación, exclama su bendición de María movida por el Espíritu Santo. “Et ce n’est pas merveilles, car elle est Espouse du Saint Esprit, Fille du Pere eternel, Mere du Filz eternel…”. En Pentecostés, María estaba con los Apóstoles; el Evangelista la nombra en el relato “pour monstrer qu’elle estoit plus que femme, como la Dame des Apostres, et partant il ne dict pas qu’elle fut avec les Apostres, mays les autres estoyent avec elle et a sa suite…” [Sermon I. Pour la fête de la Pentecôte, 6 juin 1593. Sermons, 1º Volume. Oeuvres, Tome VII, 29].
[60] “Il y a quelques Docteurs qui tiennent qu’elle a institué des congregations de filles, et qu’estant allée à Ephese avec son bien aymé fils adoptif saint Jean, elle en dressa une à laquelle elle donna mesme des Regles et Constitutions. O quelle divine Abbesse! O que ces Religieuses estoyent heureuses d’avoir esté instituées par cette divine Doctoresse” [Sermon XLVI. Pour la fête de l’Annonciation, 25 mars 1621. Sermons Vol. IV. Oeuvres, Tome X, 60].
[61] “Or, l’honneur de la Vierge et des Saintz a pour son objet leur propre excellence, qui se trouve reellement en leurs personnes, et partant i a son propre nom de dulie et hyperdulie, bien qu’il se rapporte par apres a Dieu comme a sa fin et a son principe. L’honneur de la Croix et autres appartenances de nostre Sauveur a pour son objet Nostre Seigneur mesme, qu’il considere et reconnoit en ces choses insensibles par la relation qu’elles ont a luy, si qu’on appelle raysonnablement cest honneur-la, latrie relative” [Defense de l’estendart e la 5º Croix, Chapitre X. Oeuvres, Tome II, 337].
[62] “… Ainsy la Sainte Vierge confesse que Dieu luy fait choses tres grandes, mais ce n’est que pour s’en humilier et magnifier Dieu…” [Introducción à la Vie devote, Troisiesme Partie, Chapitre V. Oeuvres, Tome III, 146s]. En esta obra Francisco trata abundantemente sobre la humildad como virtud fundamental del cristiano, y la referencia a la humildad de Nuestra Señora surge espontáneamente.
[63] Sermon XXVIII. Sur la Salutation Angelique. Sermons, 1º Volume. Oeuvres, Tome VII, 240 s.

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