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Bajo el título de “La Iglesia en la Actualidad” el P. Julio Meinvielle dictó una histórica conferencia en Buenos Aires que mantiene una enorme vigencia para nuestros días. Se trata de una admirable pieza de contenido profético-doctrinal que deja al desnudo los embauques y desmanes de la “secta modernista” que anida en el interior de la Iglesia y que intenta “demolerla” desde dentro.

Les ofrecemos el audio de toda la conferencia y algunso extractos con la interpretación de las iglesias en el Apocalípsis junto con una clarividente consideración del sometimiento de la persona en la sociedad tecnocrática:


Evidentemente que este es un tema de gran significado en este momento de confusión dentro de la Iglesia. La confusión ya está en la dialéctica que se ha querido introducir en la Iglesia misma entre «Iglesia preconciliar» e «Iglesia posconciliar».

Con ello se quiere liquidar y sepultar dos mil años de historia cristiana.

Por esto, hay que examinar el momento actual de la Iglesia: primero, en los planes de los hombres; y luego, en el plan de Dios. En el plan de Dios, digo, porque Cristo nos exhortó a mirar los signos de los tiempos…

La Iglesia, en su vida, en el decurso de los siglos, va realizando aquella enseñanza del Apóstol San Juan a las siete Iglesias del Apocalipsis: a la Iglesia de Éfeso, a la Iglesia de Esmirna, a la Iglesia de Pérgamo, a la Iglesia de Tiátira, a la Iglesia de Sardes, a la Iglesia de Filadelfia  y a la Iglesia de Laodicea.

Primero es la Iglesia de Éfeso, la Iglesia que nace impetuosa, la Iglesia Apostólica. Éfeso significa eso: ímpetu. Todo el mundo Romano, y el Griego, y el Bárbaro, se enteró de la persona de Cristo.

Después de la Iglesia de Éfeso viene la Iglesia de los mártires. Los grandes campeones de la Fe dan testimonio de Cristo. Es la Iglesia de Esmirna. Esmirna quiere decir amargura. Con la amargura de sus sufrimientos testimonian que Cristo es Dios.

Y el esplendor de la Iglesia de los mártires, que duró desde la pasión del Señor hasta el año 300 de nuestra era, fue grande y glorioso. No sólo por la sangre derramada, sino por la sangre derramada en honor de Jesucristo, Salvador de los hombres.

Viene después la Iglesia de Pérgamo y la Iglesia de Tiátira. La Iglesia de Pérgamo es la Iglesia de los grandes doctores. Y la Iglesia de Tiátira es la Iglesia del esplendor cristiano, del esplendor medieval. La Iglesia de Constantino inaugura el reconocimiento público de la Iglesia de Cristo. Y los dos grandes poderes de la tierra, el político y el religioso, se juntan en unidad armónica, para la edificación de la ciudad cristiana que ha de culminar en el esplendor del siglo XIII. Esplendor de política cristiana, de San Luis Rey de Francia; de los grandes Pontífices, Gregorio VII, Inocencio III; ciudad cristiana que ha de culminar en el esplendor de la filosofía cristiana de Santo Tomás de Aquino; ciudad cristiana que ha de culminar en el arte cristiano del Beato Angélico, de la Catedral Gótica; ciudad cristiana cuyo elogio lo ha hecho el gran Pontífice León XIII en la «Inmortale Dei» para que quede grabada firmemente, desafiando la estulticia de los progresistas que abominan de la cristiandad.

Luego la revolución moderna del capitalismo liberal. La Iglesia de Sardes. Sardes es el lugar donde nació Creso, el hombre famoso por sus riquezas y por la acumulación del oro del mundo pagano. Revolución moderna del capitalismo liberal en que el hombre no quiere ajustarse a la ley de la simple razón, sino a la del instinto, de la pura libertad y de la avaricia. Y entonces la única preocupación del hombre se convierte en amontonar riquezas. La revolución moderna del capitalismo liberal, tiene que producir y engendrar necesariamente la revolución comunista, en que el hombre, despojado de Dios, despojado del goce sensible del liberalismo, se ajusta a la esclavitud de la sociedad colectiva. Y entonces vemos el proceso de degradación en que vive cayendo el hombre: de lo sobrenatural cae en la ciudad naturalista, de ésta en la sociedad del capitalismo –sociedad económica. Y del capitalismo en la sociedad del comunismo. Nos encontramos entonces hoy al final de la revolución del capitalismo y del comunismo y se está entrando resueltamente en la esclavitud de la sociedad tecnocrática, de funcionamiento perfecto, en que cada hombre tendrá su dosis de trabajo, su dosis de placer, su dosis de cultura. Y en lo religioso, en lo cultural, en lo político, en lo económico, se ajustará al funcionamiento perfecto de un mecanismo de relojería.

Es la sociedad de hoy, que está acondicionando al hombre en todos los aspectos, se está cumpliendo una gran función de lavado de cerebro a través de los medios de comunicación para nivelar el pensamiento del hombre, los sentimientos del hombre. La cristiandad, es decir, el mundo humano bajo Cristo, habrá quedado entonces totalmente liquidado. Y el mundo vivirá una sociedad perfecta, con la perfección de un mecanismo. El hombre  seguirá llamándose libre, pero nunca habrá sido tan esclavo.

Hasta aquí el desarrollo del mundo: primero la Iglesia floreciendo, luego la Iglesia sometida. Pero ahora, en estos momentos, la lucha que los enemigos han llevado contra el mundo cristiano, contra la Cristiandad –para crear la ciudad naturalista de los siglos XVI, XVII y XVIII; para crear la ciudad liberal del siglo XIX; y la ciudad comunista del siglo XX– ahora ya llevan los golpes contra la Iglesia misma, desde dentro de la Iglesia: este es el significado del actual progresismo, de la Iglesia «progresista» alentada por grandes teólogos, los teólogos publicitados.

[Fuente: (Extractos) Conferencia del R. P. Julio Meinvielle pronunciada en el Colegio de La Salle (Buenos Aires, Argentina) el 3 de Agosto de 1968.

Nota: en los extractos no hemos indicado los recortes para facilitar su lectura]

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