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El pueblo judío ha sido en Cristo el gran vehículo de los grandes bienes de la humanidad”. Lo llama el pueblo santificado, el pueblo elegido, y sobre todo “el gran vehículo de los grandes bienes de la humanidad”. 1. Romanos, cap. 9: “el judío, un pueblo elegido”. 2. Juan 4: la salvación viene de los judíos, dijo a la Samaritana. 3. 1 Tesalonicenses 2 Para el p. Julio, – como probó el p. Tomás Ravaioli – Cristo es el centro y eje de la Historia, y a causa de su Encarnación solamente revisten de importancia aquellos hechos que prefiguraban, o de algún modo preparaban ese momento, y eso explica también la importancia que el p. Julio le da al pueblo judío, porque para él el pueblo judío está comprendido entre dos grandes eras, por un lado, antes de la ley, y por otro lado, después de la ley; y en cada uno de estos períodos el pueblo judío es considerado como un instrumento de la voluntad de Dios y un medio de revelación. “El pueblo judío es el linaje teológico escogido, consagrado, santificado para significar y traernos en su carne a Ese otro que había de venir, al Esperado de las naciones. He aquí lo tremendo de ese pueblo: su carne está santificada y estigmatizada para traernos a Aquel que es la Verdad y la Vida; que es la salud de los hombres”. Evidentemente el p. Ravaioli ha probado fehacientemente que el P. Meinvielle es fiel a la Sagrada Escritura, fiel a la tradición, fiel al pensamiento de Santo Tomás, y por lo tanto no hay ninguna razón, como se dijo, para acusarlo de antisemita, etc (…) Como dijo el p. Tomás, “prestemos atención a los adjetivos que usa Meinvielle, para demostrar el enorme respeto para dirigirse al pueblo judío: lo llama linaje teológico, escogido, consagrado, santificado nada más ni nada menos que para traernos en su carne a Aquel que es la salvación de los hombres”. Sorprende sobremanera la carta de San Pablo en el año 58 que escribe desde Corinto a sus hermanos judíos: con qué claridad manifiesta la angustia por la incredulidad judía: “Siento una gran tristeza y un dolor constante en mi corazón. Yo mismo desearía ser maldito, separado de Cristo, en favor de mis hermanos, los de mi propia raza. Ellos son israelitas: a ellos pertenece la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto y las promesas. A ellos pertenecen también los patriarcas y de ellos desciende Cristo según su condición humana, el cual está por encima de todo, Dios bendito eternamente. Amén.” (…) La intensión de la carta es mostrarle a los romanos y a todos los hombres que el Evangelio es mensaje de Salvación, cuando él mismo dice en el versículo 16: “no me avergüenzo del Evangelio que es, poder de Dios para la salvación de todo el que cree: del judío primero, pero también del griego”. Siempre la prioridad es el judío. Este mismo hilo conductor es el que sigue Menvielle. El Evangelio es para salvación, tanto de judíos como cristianos, – no sólo para judíos -, no hay distinción entre judío y griego…, pero, “en cuanto al orden de la salvación, están primero los judíos” Santo Tomás, porque las promesas se hicieron a ellos, y en su gracia los gentiles son asumidos, como las ramas del olivo silvestre se injertan en las ramas del olivo bueno, porque de ellos nació nuestro Salvador: la salvación viene de los judíos, Jn 4,22, como Jesús le dijo a la mujer Samaritana. Al pueblo judío pertenece “la adopción filial”. Son cosas demasiado grandes que Dios a reservado para el pueblo judío, par su pueblo. Y no solo eso les dio, sino al mismo Salvador del mundo…! Dice el Padre Meinvielle: “Y pensar que este pueblo proscrito, que sin asimilarse vive mezclado en medio de todos los pueblos, a través de las vicisitudes más diversas, siempre y en todas partes intacto, incorruptible, inconfundible, conspirando contra todos, es el linaje más grande de la tierra!56 El linaje más grande porque este linaje tiene una historia indestructible de 6.000 años. El linaje más grande porque de él tomó carne Cristo, el Hijo de Dios vivo. El judío, como enseña la teología católica, es objeto de una especialísima vocación de Dios.

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